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jueves, 8 de junio de 2017

P. BOUCHACOURT: "TAL COMO SOMOS"


EN ESTE ARTÍCULO, EL P. BOUCHACOURT, SUPERIOR DE DISTRITO DE FRANCIA, SE EXPLAYA ACERCA DE LA IDEA QUE ALGUNA VEZ TUVO MONS. LEFEBVRE, EN CUANTO A QUE LA FSSPX PODRÍA SER REGULARIZADA POR ROMA CON TAL QUE SE RESPETARA PLENAMENTE SU IDENTIDAD, IDEA SINTETIZADA EN ESTA FRASE CLICHÉ: "TAL COMO SOMOS"
EL P. BOUCHACOURT CALLA, SIN EMBARGO, ESTA VERDAD ESENCIAL: MONS. LEFEBVRE ABANDONÓ ENTERAMENTE ESA IDEA ILUSORIA DESDE EL RETIRO DE SU FIRMA DEL PROTOCOLO DE 1988, PORQUE ES IMPOSIBLE QUE UNA CONGREGACIÓN ESTÉ SOMETIDA A UN PAPA LIBERAL Y MODERNISTA Y PUEDA SEGUIR SIENDO ANTILIBERAL Y ANTIMODERNISTA
POR LO DEMÁS, LA FSSPX ES OTRA DESDE EL AÑO 2012, PUES PARA CUALQUIERA QUE TENGA OJOS PARA VER, ES CLARO QUE, AL MENOS DESDE ESE AÑO, LAS AUTORIDADES DE LA FRATERNIDAD INTENTAN ALCANZAR UN ACUERDO PRÁCTICO (NECESARIAMENTE TRAIDOR, ENTONCES) CON LA ROMA APÓSTATA. LA CONGREGACIÓN ES OTRA, DECAE PERMANENTEMENTE, SE HACE CADA VEZ MÁS DÉBIL ANTE LOS ENEMIGOS INTERNOS DE LA IGLESIA, SE ENCUENTRA EN PLENO PROCESO DE CORRUPCIÓN. 
EL RECIENTE ACUERDO ENTRE LA FSSPX Y ROMA EN RELACIÓN CON LOS MATRIMONIOS, ES UNA PRUEBA IRREFUTABLE DE LA DERIVA LIBERAL DE LA FSSPX, SIN HABLAR DEL ENSORDECEDOR SILENCIO DE MONS. FELLAY ACERCA DEL PAPA BERGOGLIO, SILENCIO CÓMPLICE INTERRUMPIDO, ESO SÍ, LAS NO POCAS VECES EN LAS QUE EL SUPERIOR GENERAL HA ELOGIADO Y AGRADECIDO A ESTE DEMOLEDOR DE LA FE Y DE LA IGLESIA, A ESTE ANTICRISTO, AL PONTÍFICE MÁS ESCANDALOSO DE TODA LA HISTORIA.

FUENTE
Tal como somos

En sus relaciones con la Sede apostólica, Mons. Marcel Lefebvre, para afirmar que se debía considerar a la FSSPX según su identidad propia, dijo: “Roma debe tomarnos tal como somos…” (cf. Por ejemplo, el sermón del 27 de junio de 1980). Yo quisiera aclarar esta expresión.
La FSSPX fue fundada en 1970 según las reglas del derecho canónico, con los fines y medios conforme al espíritu de la Iglesia, como lo atestiguan la aprobación del obispo de Friburgo y los diversos documentos romanos que alabaron sus estatutos. Todos sus actos subsecuentes, hasta la “supresión” ilegal de 1975, fueron realizados respetando el derecho canónico.
Recordemos ahora la característica de la FSSPX: “La finalidad de la Fraternidad es el sacerdocio y todo lo que se le relaciona y sólo lo que concierne a éste”. Esto es lo que la distingue, por ejemplo, de los jesuitas o de los oradoratorianos. Mons. Lefebvre saca de ello una conclusión: “La Fraternidad es esencialmente apostólica, porque el sacrificio de la misa lo es también”. De allí se derivan las obras a las cuales se entrega la FSSPX: “Todas las obras de formación sacerdotal”, “ayudar a la santificación de los sacerdotes”, “ayudar a los sacerdotes de edad avanzada, enfermos”, pero también “las escuelas verdaderamente cristianas (…), es de éstas que saldrán las vocaciones”, y también “el ministerio parroquial”.
En su enseñanza, la FSSPX no quiere más que predicar las verdades inmutables de la fe, ser el eco de los papas, de los concilios, de los Padres de la Iglesia: porque de ninguna manera se trata de dar a conocer, bajo la revelación del Espíritu Santo, una nueva doctrina, sino “conservar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe” (cf. Pastor Æternus, cap. 4). En la liturgia, la FSSPX sólo quiere cantar la gloria de Dios y procurar la santidad de las almas per Dominum nostrum Iesum Christum. En la vida espiritual, la FSSPX no desea más que ayudar a los bautizados a progresar en el conocimiento y el amor del Dios Trino.
Cuando promovemos un bien, nos oponemos al mal contrario. Pues la fe católica, la liturgia católica, la vida católica están amenazadas hoy en día, especialmente en razón de la crisis que sacude a la Iglesia y la sociedad. Por lo tanto no es sorprendente que la FSSPX combata lo que pone en peligro la salvación de las almas.
La FSSPX, porque está unida a la fe católica, se levanta contra los ataques que amenazan esta fe. Sus sacerdotes, por amor de la verdad, tienen la obligación de denunciar los errores que arruinan la integridad de la fe, y especialmente aquellos que, hoy, corroen la Iglesia, como la falsa libertad religiosa, el falso ecumenismo, el pretendido diálogo interreligiosa, lo que llamamos “el espíritu del Concilio”. Se trata no solamente de denunciar los errores en sí, sino también de conservar la “plena libertad de corregir, reprender, incluso públicamente, a los fautores de errores o novedades del modernismo”, como lo afirmó el capítulo general de 2012.
La FSSPX, porque está unida a la liturgia católica, celebra exclusivamente la liturgia que ha sido transmitida por la Tradición de la Iglesia, y rechaza, sin ambages y definitivamente, la nueva liturgia, esta misa conciliar de espíritu protestante, que ya no transmite con certeza la gracia de Cristo.
La FSSPX, porque está unida a las tradiciones espirituales de la Iglesia, a la forma de vida cristiana que siempre ha practicado la Iglesia, rechaza las derivas, especialmente la alteración del matrimonio, el cuestionamiento del celibato sacerdotal, el liberalismo de la moral, el abandono de la oración y de los sacramentos. Este espíritu combativo contra los errores, incluso si no es más que una consecuencia de una unión incondicional a la verdad católica, incluso si no se produce más que después de la primera y esencial preocupación de transmitir la gracia de Cristo a las almas, forma parte integrante de la identidad perenne de la FSSPX. Ella no abandonará jamás esta lucha contra el error, acompañamiento indispensable del amor de la verdad.
Sabemos que un día, por la gracia de Dios, la FSSPX reencontrará en la Iglesia su justa situación canónica, pero será “tal como ella es”, es decir tal como fue fundada en la Iglesia y por la Iglesia en 1970, y tal como ella no ha dejado de estar en la Iglesia y para la Iglesia: amando la verdad, y por lo tanto combatiendo los errores contrarios. Como lo proclamó Mons. Lefebvre en este mismo sermón del 27 de junio de 1980, nosotros reencontraremos esta situación canónica de la cual fuimos injustamente privados, pero esto será “con todo lo que nosotros somos, todo lo que pensamos, todo lo que creemos, todo lo que hacemos”, en resumen, “con el juramento antimodernista en las manos”.