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sábado, 24 de junio de 2017

SERMÓN DE LA FIESTA DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA - R.P. TRINCADO



CORAZÓN DE FUEGO


Se dice en el comienzo del cuarto Evangelio: Hubo un hombre enviado de Dios, que tenía por nombre Juan. Este vino en testimonio, para dar testimonio de la Luz, para que todos creyesen por él. No era él la Luz, sino que vino a dar testimonio de la Luz.

Toda la doctrina y obras de San Juan no tuvieron otro fin que preparar en las almas los caminos de Cristo, dice Santo Tomás (Sum. Teol. III, c. 38 a. 3). San Juan Bautista debía dar testimonio de la Luz, no dando de sí la luz, sino siendo un reflejo anticipado de la Luz que es Cristo. Lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, iluminaba irradiando una gran luz porque Dios había puesto en él un corazón de fuego, igual que el del profeta Elías, de quien San Juan Bautista era heredero y fiel continuador. Su alma estaba llena de ese celo ardiente del que dice Cristo: ¡Fuego vine a lanzar sobre la tierra y cómo quiero que arda!

Todo fuego quema e ilumina. Fuego santo y escogido que preparaba en el tiempo la llegada del Fuego Eterno, el Bautista era una antorcha que ardía y alumbraba,dice N. Señor. Para eso vino, para eso existía, para arder e iluminar, para quemarse y para quemar.


FUERTE COMO EL FUEGO

Preguntaba Cristo sobre San Juan Bautista a los judíos: ¿Qué salisteis a ver? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Un hombre débil, inseguro, irresoluto, cambiante? No: un hombre fuerte. Porque es fuerte el fuego y terrible, inflexible, devorador, insaciable y conquistador: todo lo que toca lo convierte en sí mismo. Por eso en este hombre de fuego brilla la más perfecta fortaleza.

La virtud de la fortaleza tiene dos actos: atacar y resistir, siendo la resistencia el principal y más difícil. San Juan resiste la austeridad de la vida en el desierto, soporta inconmovible los ataques de los escribas y fariseos, no se deja arrastrar por los halagos de algunos que lo tenían por Mesías, no cede ante las amenazas de los poderosos. El Bautista no es ninguna caña agitada por el viento. Todo lo contrario: él es el viento que agita y destroza las cañas, los robles, las rocas y las montañas; es un viento abrasador, una llamarada, un incendio.


FUERA DIPLOMACIAS, AMBIGÜEDADES, HIPOCRESÍAS, SIMULACIONES

A los que venían a pedir su bautismo los recibía con estas palabras: Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que os amenaza? Palabras de fuego. Dice S. Juan Crisóstomo que al pueblo hablaba varonil y fervorosamente, de un modo atrevido al rey, y con franqueza a sus discípulos. San Juan Bautista, directo como el fuego, detestaba la mundana diplomacia, el lenguaje ambiguo, odiaba la  hipocresía, la simulación, el secretismoVuestras palabras sean sí sí, no no, porque lo que de eso pasa viene del maligno, dice Cristo. No conocía los respetos humanos y no se callaba delante de ningún hombre si había obligación de decir una verdad.


NINGÚN ACUERDO, NINGUNA TRAICIÓN

Por eso San Juan reprochaba públicamente a Herodes su adulterio. Y Herodes, como sabemos, lo encarceló, aunque le tenía respeto y lo oía con gusto. Es más: dice S. Tomás (Catena Aurea, Glosa), que Herodes le temía, lo respetaba y lo protegía para que no lo matara Herodías. Siendo así, para evitar la muerte, podría haber hecho San Juan Bautista algún tipo de acuerdo con Herodes. Pero no: esta fiel antorcha de Dios jamás hizo pacto o acuerdo alguno con la oscuridad. Habiendo recibido de Dios la misión de alumbrar, alumbró hasta que Dios quiso, hasta el fin, hasta consumirse del todo, hasta el martirio.


¡USQUE AD MORTEM!

San Juan, el fuerte, no se deja vencer por las simpatías pasajeras y la veleidosa benevolencia de Herodes, que sí era una caña agitada por los vientos de muchos pecados; sino que insiste en reprender pública, frontal, directa, inequívoca y reiteradamente al rey, pecador público. No te es lícito tener por mujer a la que lo es de tu hermano. “Non licet”. Eso que tú haces no es lícito, eso que haces está mal, eso es un pecado, eso ofende a Dios. El resto es historia conocida: amando por sobre todas las cosas la unión del alma con Dios en la Verdad, terminó dividido en dos, esto es, decapitado.


EL CELO DE TU CASA ME DEVORA

El celo de tu casa me devora. El fuego transforma en fuego al que lo toca. La chispa divina que es la gracia puede causar un incendio en cuanto se la deja actuar, quitado el impedimento del pecado. Por eso San Pablo demostró la misma santa audacia ante la indebida simulación del Papa San Pedro, a quien dijo esas mismas palabras: “non licet”: no te es lícito.


MONS. LEFEBVRE: OTRO CORAZÓN DE FUEGO

Estimados fieles: veinte siglos después, siendo legítimo heredero de ese fuego, hasta entonces siempre conservado en la Iglesia de Cristo, otro corazón lleno de santa ira lanzó nuevamente el grito de “non licet”, esta vez en contra del concilio que osó bautizar los principios masónico-liberales. Y Mons. Lefebvre ha legado a la Tradición, a su vez, ese mismo fuegoY nuestro sagrado y primer deber es conservar ardiendo el fuego del combate por la fe hasta el fin, es decir, hasta la muerte de cada uno de nosotros o hasta que Roma apóstata vuelva a la fe católica.


SANTA VIOLENCIA Y PACIFISMO COBARDE

El Reino de los Cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan, dice N. Señor, hablando del Bautista. Los católicos jamás debemos dejarnos arrastrar por la corriente de ese pacifismo cobarde, tan característicos de los liberales, pacifismo satánico que aspira a componendas adúlteras y acuerdos traidores con los modernistas, herejes destructores de la Iglesia. Dice San Pablo: No os unáis bajo un yugo desigual con los infieles, pues ¿qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O qué sociedad puede existir entre la luz y las tinieblas? ¿O qué acuerdo puede haber ente Cristo y Belial? (2 Cor 6 14-15). ¡No una el hombre lo que Dios separó!


IPSA CONTERET

Que la Santísima Virgen, destructora de todas las herejías (un día también de la actual); conserve en nuestros corazones el fuego que ardió en los pechos de San Juan Bautista y de Mons. Lefebvre, y que con su bendito pie aplaste pronto la cabeza del demonio liberal y modernista.

SIGUE LA PERSECUCIÓN EN LA FSSPX DE FRANCIA


P. Rousseau
FUENTE

En el "El Apóstol" [Boletín del Priorato de Fabrègues. Nota de NP] que saldrá en julio y que se puede encontrar ya en La Porte Latine, el P. Rousseau escribe: 
“…Antes de terminar estas palabras, les informo, muy estimados fieles, mi próxima partida del Priorato. Fueron dos años de buen ministerio parroquial y escolar entre ustedes. Les agradezco por las pruebas de confianza y amistad que me concedieron hasta este día. Ustedes recuerdan las circunstancias delicadas en las cuales llegué, a finales de abril de 2015. Con la gracia de Dios, el barco no se hundió. Ahora… acabo de recibir una nueva misión: será en Bailly, cerca de Versalles. Su próximo prior será el P. Mavel [ordenado el año 2012. Nota de NP]. Él llega de las Antillas…”
Esto es lo que el Padre dice en público. Pero sabemos que el Padre explicó a los fieles que esto era la consecuencia de haber leído la carta de los Decanos.
Y para imponer su subversión, Ménzingen nombra jóvenes sacerdotes que no serán capaces de oponerse a sus maniobras.

jueves, 22 de junio de 2017

ARTÍCULO ANTIACUERDISTA DEL P. D'ABBADIE FSSPX

FUENTE (énfasis en negrita añadido por NP)

P. d'Abbadie FSSPX, Sacerdote del distrito de Francia
Desgraciadamente no es raro escuchar en nuestro medio que una separación demasiado larga de las autoridades conciliares terminaría por hacernos romper la unidad adoptando un espíritu cismático. Algunos recordatorios de la doctrina cristiana a este respecto no serán superfluos, con el fin de que nuestro juicio no sea dictado por nuestros sentimientos, sino más bien por la fe que ilumina nuestra razón.
Si abrimos un catecismo de san Pío X, constatamos que la definición de la Iglesia requiere la unión de los bautizados en una misma fe, una misma santificación (los sacramentos), una misma jerarquía (gobierno). Este orden (fe-santificación-jerarquía) no está dada al azar: es primordial. Porque si la Iglesia es una sociedad (que como toda sociedad comporta un gobierno), ella pertenece sin embargo al orden sobrenatural: este gobierno que asegura la unidad de los miembros no puede ejercerse fuera de la profesión de una misma fe, “que es el lazo radical y absolutamente primordial de la unidad social de la Iglesia” (1). El principio de la unidad de la Iglesia es por lo tanto la fe, enseñada por el Magisterio. De este modo, la jerarquía tiene la función de mantener a los miembros en la obediencia a esta misma fe (indispensable para la salvación). La jerarquía no puede entonces ir en contra de la fe, pues su función está subordinada a ella.
¿Qué es esta fe? Es una adhesión de nuestra inteligencia a las verdades que Dios nos pide creer, precisamente porque es Él quien nos compromete a ello con toda su autoridad: nosotros creemos en la autoridad de Dios, que no puede “ni engañarse ni engañarnos”. Estas verdades nos son transmitidas por el Magisterio de la Iglesia, divinamente asistida en su tarea de enseñanza: “El Espíritu Santo no ha sido prometido a los sucesores de Pedro para que den a conocer bajo su revelación una nueva doctrina, sino para que con su asistencia ellos conserven santamente y expongan fielmente la Revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe” (2).
La fe, revelada por Dios y que compromete toda su autoridad, transmitida por el Magisterio asistido de Dios, no debe ser confundido con la opinión, que no tiene por autoridad más que la propia inteligencia o nuestro capricho arbitrario, ¡lo que es bastante frágil! No podemos poner los dos en el mismo plano.
Si nosotros rechazamos el concilio Vaticano II, es justamente porque se aleja de la doctrina de siempre hasta contradecirla, bajo el pretexto de “reinterpretarla”, a fin de ponerla al gusto de hoy. Nuestra oposición se debe a nuestra adhesión a la fe. Ahora bien, la Roma actual quisiera reducir esta adhesión a una simple opinión que nosotros ciertamente podríamos defender, pero a título de opinión: se trataría de “cuestiones abiertas” (siendo que el Magisterio de siempre ya se pronunció sobre estas cuestiones). Aquí encontramos una táctica revolucionaria denunciada por Jean Ousset (3), que consiste en atacar la verdad (que excluye al error), antes de dejarle poco a poco un derecho de ciudadanía, pero a condición de que esté al rango de una simple opinión que no excluya la opinión contraria: la verdad puesta al mismo nivel que el error.
Relativizar la fe de este modo es destruirla, y es por el hecho mismo destruir el fundamento mismo de la unidad de la Iglesia y de su gobierno: “una unidad de gobierno, sin la unidad de fe, sería por lo tanto una unidad puramente legal y legalista, contraria a la misma naturaleza de la Iglesia. Una unidad más aparente que real. Tal es la unidad ecuménica soñada por Paulo VI, Juan Pablo II y sus sucesores. Esta sería también la unidad de la “plena comunión” que la Santa Sede ofrece desde hace mucho tiempo a los herederos de Mons. Lefebvre” (4).
Nuestra verdadera unión a la Iglesia requiere por lo tanto la profesión intacta de la fe, incluso si ésta es contradicha por las autoridades actuales, y provoca nuestra marginación: “esta unidad [de fe], que es la unidad misma de la Iglesia, debe conservar la primacía sobre todos los arreglos seudocanónicos” (5). Es relativizando la fe que perderemos la verdadera unidad (y es esto lo que se llama cisma) y comprometeremos nuestra salvación.
Estos principios permitieron al fundador de la Fraternidad conservar, en medio de la tormenta conciliar, una línea claramente católica, que expresó así la víspera de las consagraciones: “¡El lazo oficial con la Roma modernista no es nada al lado de la preservación de la fe!” (6).
***


1. ¿Unidad o legalidad? Por el P. Gleize, Courrier de Rome (CR) n° 599, mayo de 2017, pág. 4.

2. Vaticano I, constitución dogmática Pastor æternus, DS 3070.

3. Jean Ousset, Para que Él reine, pág. 93 y siguientes.

4. CR, pág. 4.

5. Ibid.

6. Marcel Lefebvre, Una Vida, por Mons. Tissier de Mallerais, pág. 589.

miércoles, 21 de junio de 2017

LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA EN LAS GARRAS DE FRANCISCO


AHORA, ADEMÁS DE UN ABORTISTA, CUENTA CON UN PARTIDARIO DE LA EUTANASIA.

LEER NOTICIA ACÁ


UN COMENTARIO PUESTO EN INFOCATÓLICA A ESA NOTICIA: "Estos nuevos miembros quieren matar a todos: a los bebés, a los ancianos, a los enfermos. ¡Dios mío, ven en nuestro auxilio. Señor, date prisa en socorrernos!"

martes, 20 de junio de 2017

MÁS NOVEDADES DE LA PERSECUCIÓN DE LA NEO-FSSPX CONTRA LOS VERDADEROS LEFEBVRISTAS


Mons. Fellay: dureza con los hijos fieles de Mons. Lefebvre y blandura con los modernistas



El P. Thierry Gaudray, Prior de Lille y uno de los 7 decanos que alzaron sus voces contra el acuerdo entre Roma y la FSSPX respecto de los matrimonios, ha sido notificado de su trasladado a la escuela de las Dominicanas de Kernabat des Côtes - De Armor, en donde será capellán.


PERSECUCIÓN DE LA NEO-FSSPX CONTRA LOS OPOSITORES AL ACUERDO: EL P. ALDALUR ES CENSURADO

Nota:“El Trinitario” es el boletín mensual del priorato de Etcharry [Francia].
Para el mes de junio, el P. Aldalur (uno de los 7 decanos) publicó un estudio sobre la prelatura personal que debía ser expuesto en tres números [del boletín].
Desgraciadamente, la semana pasada se ausentó tres días para predicar un retiro de preparación para la comunión solemne a los alumnos; y una persona (de la comunidad o del cuerpo de profesores) aprovechó esta ausencia para enviar a Suresnes [la casa de Distrito] el contenido de este estudio.
Cuando el Padre regresó al priorato, El Trinitario del mes de junio, que fue publicado pero no distribuido, había sido censurado y los fieles de Etcharry leyeron, en su lugar, el texto “Tal como somos” del P. Bouchacourt. Los boletines originales desaparecieron…

lunes, 19 de junio de 2017

¿"TAL COMO SOMOS" O "TAL COMO SOMOS AHORA"? POR UN SACERDOTE DE LA FSSPX



"Se podrá decir todo lo que se quiera: el 18 de enero de 2002 en Campos no hubo solamente un reconocimiento unilateral de Campos por Roma, como algunos pretenden, sino que hubo una contrapartida: la complicidad del silencio. Y por otra parte, ¿cómo puede ser de otra manera?" (Mons. Fellay... en otros tiempos).


FUENTE (extracto)
En su último editorial de la revista Fideliter aparecido en La Porte Latine, el P. Bouchacourt retoma la famosa frase de Mons. Lefebvre pronunciada en su sermón del 29 de junio de 1980: “Roma debe tratarnos tal como somos…”.
Sobre este tema, demos la palabra a un miembro de la FSSPX.
Christian LASSALE
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FSSPX: “¿Tal como somos”? (“¿O tal como  somos ahora”?)
Tal vez han escuchado ustedes este rumor que circula actualmente, y que quisiera que Roma nos reconozca “tal como somos”. Esto es lo que Mons. Lefebvre intentó pedir, pero los hechos demostraron que Roma no entendía eso de la misma manera… Otra expresión es equivalente a la primera: es el “reconocimiento unilateral”. Pero una vez más, Roma allí no se equivoca. Lean lo que encontré en la Carta a los amigos y benefactores n° 63 de enero de 2003 de Monseñor Fellay. Lo lamento, es respecto a Campos, pero su caso se parece demasiado al nuestro…
Se podrá decir todo lo que se quiera: el 18 de enero de 2002 en Campos no hubo solamente un reconocimiento unilateral de Campos por Roma, como algunos pretenden, sino que hubo una contrapartida: la complicidad del silencio. Y por otra parte, ¿cómo puede ser de otra manera?
Para explicar esta última frase, debemos regresar un poco en el texto. A catorce años de distancia, la situación no ha cambiado en lo absoluto. Juzguen ustedes mismos:
Nosotros constatamos en las oficinas vaticanas un cierto cuestionamiento de la manera en que han ido las cosas estos últimos decenios, una voluntad en algunos de corregir esta deriva.
Dicho esto por todos los Burke y Schneider de ayer y de hoy.
pero sigue siendo evidente que los principios que gobiernan la Roma actual continúan siendo los de la actualización del concilio tal como lo hemos experimentado durante los últimos cuarenta años. En los documentos oficiales y la línea general, no vemos un cuestionamiento de fondo de estos principios; por el contrario, nos repiten que el movimiento iniciado por el Vaticano II sería irreversible, lo que nos obliga a preguntarnos de dónde proviene el cambio de actitud respecto a nosotros. La respuesta se encuentra en primer lugar, sin excluir otras explicaciones, en la visión pluralista y ecuménica que prevalecen ahora en el mundo de la catolicidad. Esta visión ha terminado por mezclar a todo el mundo sin requerirles ninguna conversión, como lo dijo el Card. Kasper respecto a los ortodoxos e incluso de los judíos. Es cada vez más evidente que en esta perspectiva, habrá también un pequeño lugar para la Tradición, pero… esta visión no podemos aceptarla, así como el maestro de escuela no podría aceptar el pluralismo en matemáticas.
Lean de nuevo el sermón de Puy de 2016, o también la entrevista a Terres de mission (29 de enero de 2017), donde Mons. Fellay explica la actitud de Roma hacia la Fraternidad como “una preocupación del Santo Padre por los excluidos de todo tipo”. Entiéndase los divorciados vueltos a “casar”, etc.
Pero continuemos.
Un día llegará, estamos absolutamente seguros, en que Roma regresará a SU Tradición, restaurándola en su lugar de honor, y nosotros anhelamos con todo nuestro corazón ese día bendito. Pero por el momento no estamos tan avanzados, y toda ilusión sería mortal para nuestra sociedad. Podemos constatarlo al examinar la evolución de los acontecimientos en CamposCampos, por medio de su líder, Mons. Rifán, afirma a los cuatro vientos que nada ha cambiado, que los sacerdotes de la Administración apostólica siguen siendo tan tradicionales como antes, que es la esencia de lo que les fue acordado, y la razón de su adhesión a la proposición romana: la ratificación de la posición tradicional.
Y un poco más abajo, esta frase que me hace pensar tanto en el nuevo sitio de informaciones de la Fraternidad:
Esta actitud de duplicidad implícita se ha vuelto la norma en la nueva situación en la que se encuentran: se subrayan los puntos del pontificado actual que parecen favorables, se omiten bajo un silencio reverencial lo que está mal
Y es aquí que aparece la frase citada en el encabezado:
Se podrá decir todo lo que se quiera: el 18 de enero de 2002 en Campos no hubo solamente un reconocimiento unilateral de Campos por Roma, como algunos pretenden, sino que hubo una contrapartida: la complicidad del silencio. Y por otra parte, ¿cómo puede ser de otra manera? Es evidente que ahora Campos tiene algo que perder y que temen perder ese algo, y que el camino del compromiso el que eligieron es para no perderlo. “Nosotros los brasileños somos hombres de paz. Ustedes los franceses siempre pelean”. Para tener paz con Roma, hay que dejar de combatir. Ya no se mira la situación global de la Iglesia, se sienten satisfechos con el gesto romano hacia un pequeño grupo de 25 sacerdotes para decir que la situación de necesidad ya no existe en la Iglesia, pues con el otorgamiento de un obispo tradicional, una nueva situación de derecho ha sido creada… Por un árbol se olvidan del bosque.
Lo siguiente también se aplica muy bien a nuestra situación:
Así, poco a poco, el combate se atenúa y se termina por acomodarse a la situación. En Campos todo lo que es positivamente tradicional es conservado, ciertamente, por lo que los fieles no ven el cambio, salvo los más sagaces, que observan la tendencia a hablar más y más respetuosamente de las declaraciones y acontecimientos romanos actuales, omitiendo las advertencias de antes sobre las desviaciones de hoy; el gran peligro es entonces el terminar por acomodarse a la situación y ya no tratar de remediarla. Para nosotros, antes de lanzarnos, queremos la certeza de la voluntad de Roma de sostener la Tradición, las señales de una conversión… Para resumir, debemos afirmar que Campos, a pesar de que digan lo contrario, lentamente, bajo la conducción de su nuevo obispo están siendo moldeados al espíritu conciliar. Roma no pide más por el momento.
Pero usted exagera, me dirán… ¡Nuestra situación no está en este punto! ¡Nosotros somos fuertes! (¿y humildes?)
Ahora lean lo que sigue:
Se objetará tal vez que nuestros argumentos son muy débiles, sutiles y no tienen peso ante la oferta romana de regularizar nuestra situación. Respondemos que la consideración abstracta, in abstracto, de la proposición de la Administración apostólica es tan magnífica como el plano de una hermosa mansión propuesta por un arquitecto. La verdadera cuestión y el verdadero problema no se sitúan en lo concreto: ¿En qué terreno será construida la mansión? ¿Sobre las arenas movedizas del Vaticano II o sobre esta piedra de la Tradición que se remonta al primero de los Apóstoles? Para asegurar nuestro porvenir, estamos obligados a pedir a la Roma de hoy la claridad sobre su adhesión a la Roma de ayer. Cuando las autoridades hayan claramente reafirmado en los hechos y hayan vuelto efectivamente al "Nihil novi nisi quod traditum est", entonces “nosotros” no constituiremos un problema. Y le suplicamos a Dios que apresure ese día donde toda la Iglesia florecerá, habiendo redescubierto el secreto de su fuerza pasada, liberada de esta mentalidad de la que Paulo VI dijo “que es de naturaleza no católica. Puede que prevalezca. Ella no será jamás la Iglesia. Es necesario que quede un pequeño rebaño, por más ínfimo que sea”.
En este estado de espíritu, es por lo menos temerario hablar de “el sello” (cf. Entrevista del 29 de enero a Terres de mission), y en todo caso es deshonesto decir que “todo puede pasar” (entrevista al P. Nély en Présent). A menos que hayamos cambiado… Roma no teme tratarnos como somos “tal como somos”… hoy en día.
Un sacerdote de la Fraternidad San Pío X

sábado, 17 de junio de 2017

COMENTARIO ELEISON Número DXVIII (518) - 17 de junio de 2017


Fátima Es Crucial – I
¿El mundo está desquiciado – iniquidad execrable?
Para que la oscuridad se vuelva luz obedeced, de Dios, la Madre.
Todavía hay católicos que no entienden la importancia de las Apariciones y Mensajes de Nuestra Señora a los tres pastorcitos en Fátima, Portugal, en 1917, junto con las sucesivas apariciones y mensajes dados a una de ellos, la Hermana Lucía, durante los años subsiguientes. Ya la misma Iglesia en Portugal en 1931 le dio su aprobación oficial a la intervención de Nuestra Señora, y en esos Mensajes es Ella misma quien les dio gran importancia. Este es el texto de la segunda parte del Secreto de Fátima, que cae directamente bajo la aprobación oficial de la Iglesia. Es bastante conocido por muchos católicos, pero todo hombre viviente necesita entender su importancia, como se subraya en las palabras resaltadas en negrita:—
Para salvarlas [las almas de los pobres pecadores que están en camino del infierno], Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas... Al fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se le concederá al mundo un periodo de paz.
Aquí Nuestra Señora habla en 1917. “La Guerra” a que se refiere en la línea 3 fue la I Guerra Mundial (1914–1918) y la “guerra peor” fue la II Guerra Mundial (1939–1945), la cual no hubiera sucedido si todos los católicos en el mundo, empezando por el Papa, hubieran escuchado a Nuestra Señora de Fátima. “Para impedirla”, como lo prometió en 1917, volvió en 1929 con la Hermana Lucía para pedirle la Consagración de Rusia. Aun así los católicos en general y los clérigos en particular le prestaron poca atención. Como resultado, la “luz desconocida” profetizada por Nuestra Señora en 1917 en la línea 4 del párrafo anterior, ocurrió como un extraordinario resplandor rojo en toda Europa durante la noche del 25 de enero de 1938, y en septiembre de 1939 estalló completamente la II Guerra Mundial, con sus 66 millones de muertos.
¿Y Fátima no era importante? ¿Cuándo pudo habernos salvado de la II Guerra Mundial? Pero aún más importante fue cómo Fátima pudo habernos salvado del Concilio Vaticano II (1962–1965), y podría salvarnos aún en 2017 de las devastadoras consecuencias de ese Concilio, si tan solo suficientes católicos se despertaran e hicieran lo que Nuestra Señora pidió.
En los puntos suspensivos de la cita anterior, entre “aniquiladas” y “Al fin”, estaba enmarcado en el Secreto original lo que se vino a conocer como el “Tercer Secreto” de Fátima, en realidad la tercera parte del único y verdadero Secreto. Nuestra Señora dijo que este texto era para revelarse a más tardar en 1960, si la Hermana Lucía no moría antes de esta fecha. Pero aún no ha sido publicado, casi ciertamente porque contiene la condenación del Cielo a la esencia del próximo Concilio. Pero los clérigos ciegos, resueltos a proteger su proyecto favorito, se atrevieron a proclamar que Nuestra Señora había dicho que a partir de 1960 podría publicarse, una perversa mentira como ninguna. De este modo Fátima pudo haber salvado del impío siglo 20 no sólo al hombre y al mundo sino también a la Iglesia, si tan solo los clérigos hubieran escuchado. ¿Sigue siendo sin importancia Fátima?
Estimados lectores, recen el Santo Rosario y practiquen la Devoción de los Primeros Sábados, como Nuestra Señora de Fátima lo pidió. Es cuando suficientes de entre nosotros la escuchemos, que el mundo y la Iglesia comenzarán a darse vuelta.
Kyrie eleison.


miércoles, 14 de junio de 2017

¡ P. DE LA ROCQUE TRANSFERIDO A FILIPINAS !


Nos acabamos de enterar que el P. de la Rocque es “transferido” a Filipinas. A 11,106.64 km de París.
Tendrá entonces todas las dificultades para mantener contacto con los “malvados antiliberales franceses que no quieren el ralliement con la Roma de Francisco”. Para mayor seguridad, no ha sido nombrado en Manila, sino que fue nombrado en Dávao, en el Sureste de Filipinas (¡traten de encontrar ese lugar en el mapa!).
Pero eso no es todo… Tendrá que aprender el Cebuano, para hablar con el 75% de los habitantes del lugar donde ha sido nombrado, y para los otros habitantes, ¡el tagalo, el ilocano, el hiligaynon!
¿Qué sacerdote de cierta edad podría soportar este cambio? El P. de la Rocque es todavía joven y flexible para suportar tal traumatismo. ¿Pero un sacerdote de 60 o 70 años?
Esta sanción es una advertencia (sobre todo para los viejos) para todos aquellos que estarían tentados a resistir de una u otra manera la política acuerdista de Mons. Fellay.
La muerte (social) o el exilio. La maleta o el ataúd.

Que no vengan a decirnos que la FSSPX no es una secta que sabe quebrantar a sus miembros…
________________________
Comentario de Non Possumus

El P. de la Rocque estará sometido ahora al Superior del Distrito de Asia, el P. Stehlin. Sobre este sacerdote, ver acá y acá.
Recordemos también que fue el Distrito de Asia quien acaba de publicar el artículo acuerdista del P. Robinson "Unidad de fe con el papa Francisco y el reconocimiento canónico de la FSSPX".
Ver también los avances del contubernio entre la FSSPX y el clero modernista en Filipinas, acá.

OTRA MÁS DEL ANTICRISTO FRANCISCO


Nigel Biggar

CLÉRIGO ANGLICANO 
ABORTISTA 
ES NUEVO MIEMBRO DE 
LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA

Leer acá

lunes, 12 de junio de 2017

ARTÍCULO DESCARADAMENTE ACUERDISTA DEL DISTRITO DE ASIA DE LA FSSPX


P. Paul Robinson FSSPX



LA UNIDAD DE FE CON EL PAPA FRANCISCO Y EL RECONOCIMIENTO CANÓNICO DE LA FSSPX

 FUENTE (comentarios en color rojo añadidos por NP)

En este artículo, publicado con el permiso de la Casa General de la FSSPX en Menzingen, el P. Paul Robinson aborda la cuestión de si el Papa debe tener la fe de un tradicionalista [nótese esta expresión “la fe de un tradicionalista”. Esta es -simplemente- la fe católica] para que sea correcto para la FSSPX recibir de él el reconocimiento canónico.

Introducción

En el debate acerca de si la FSSPX debe aceptar una prelatura personal del pontificado del Papa Francisco, algunos han opinado que la FSSPX no debería considerar si el reconocimiento canónico es oportuno o prudente; sino que más bien, la verdadera pregunta que debería ser planteada es si la FSSPX y el Papa Francisco comparten la misma finalidad y tienen la misma fe. De ser así, entonces y sólo entonces podría ser correcto en principio, permitiéndonos discernir si también es prudente.

La posición implícita de aquellos que expresan esta opinión, es que el Papa Francisco no tiene la misma fe o la misma finalidad de la FSSPX, y por lo tanto sería en principio un error aceptar el reconocimiento canónico bajo el pontificado del Papa Francisco. No solo eso, sería ilógico, pues “establecer unidad legal sin unidad real sería… contradictorio”.

Este artículo tratará de mostrar que, en principio, no es un error aceptar el reconocimiento canónico de un Papa modernista, y también tratar de determinar un criterio por el cual se puede determinar el grado en que la colaboración con un Papa modernista es aceptable. Este artículo no considerará si es prudente, en las circunstancias actuales, aceptar la prelatura personal del Papa Francisco por parte de la FSSPX.

La Historia de la FSSPX

El primer hecho a destacar acerca de la posición mencionada es que va en contra del espíritu que anima toda la historia de la FSSPX. Hagamos una breve reseña de esa historia para ver que tal es el caso.

No parece muy difícil establecer que el Papa Paulo VI tenía fuertes tendencias modernistas. Aun así la FSSPX fue erigida canónicamente bajo el pontificado de Paulo VI y fue reconocida como pía unión desde 1970 a 1975. Así, por lo menos en la mente del Arzobispo, no puede estar mal, en todas las circunstancias, el colaborar con un Papa modernista al grado de tener una estructura canónica bajo su autoridad. [El P. Robinson no toma en cuenta que en 1970, año de la fundación de la FSSPX, la Iglesia recién empezaba a sumergirse en las tinieblas de la espantosa crisis inaugurada con el concilio Vaticano II. A medida que se producían los cambios y a medida que se consolidaba y se acentuaba más y más el proceso de autodemolición en la Iglesia, Monseñor Lefebvre iba endureciendo, progresivamente también, su postura ante la Roma ocupada por los herejes modernistas]

Los acontecimientos que llevaron a 1988 son tal vez los más ilustrativos en este sentido. Cuando se entiende que Monseñor Lefebvre estaba esperando señales de que debía consagrar obispos y que después de recibir dos de esas señales bajo la forma de escándalos modernistas por parte de Roma, fue entonces a Roma buscando un reconocimiento canónico; uno debería sacar el principio general: los escándalos modernistas, por sí mismos, no son un obstáculo para recibir el reconocimiento canónico de manos de los que perpetraron esos escándalos. [Si el P. Robinson tiene razón, Mons. Lefebvre se equivocó cuando escribió esto al final de su vida y como conclusión de lo relativo al tema de las relaciones con Roma: Los sacerdotes que quieren permanecer católicos, tienen el estricto deber de separarse de la iglesia conciliar, hasta que ella redescubra la Tradición de la Iglesia y la Fe católica. (Mons. Lefebvre en “Itinerario Espiritual”, que es el último libro de Monseñor y, por eso, la manifestación de su última y definitiva voluntad). Noten, a propósito, que la expresión “iglesia conciliar” no figura nunca en este texto acuerdista de la FSSPX. También se equivocó el capítulo general del 2006: "Los contactos que mantiene la Fraternidad esporádicamente con las autoridades romanas tienen como único objeto ayudarles a que hagan otra vez suya la Tradición, de la que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no para lograr una ventaja para sí misma ni para llegar a un imposible “acuerdo” puramente práctico"

Al mismo tiempo, el Arzobispo retiró su firma del protocolo que le proveería una estructura canónica, porque perdió confianza en aquellos con los que estaba negociando. [Así que, según el P. Robinson, no fue por motivos doctrinales que Mons. Lefebvre retiró su firma] Una vez que esta dura prueba terminó, se dio cuenta de que un mayor tradicionalismo [nótese la frase engañosa "mayor tradicionalismo". ¿Francisco debe ser calificado como una Papa “de menor tradicionalismo" y Benedicto XVI como "de mayor tradicionalismo" que aquél?] por parte de los romanos -en su doctrina- proveería bases sólidas para la confianza. [Entonces, según este sacerdote acuerdista, de lo que se trata es de “confiar”, no de defender la doctrina, no de combatir por los principios. Se trata de una cuestión de confianza, no de fe]

Por lo tanto, para él, evaluar la fe del Papa era la base para evaluar la aceptación del reconocimiento canónico, no en cuanto a si es posible, sino más bien a si es prudente. Si se puede confiar en al Papa para permitir a la FSSPX permanecer “como es” y ejercitar su ministerio -la “experiencia de la Tradición”- con suficiente autonomía, entonces el reconocimiento canónico es bueno para la Iglesia y debe ser aceptado. [Luego -conviene insistir en el punto- estas palabras de Mons. Lefebvre no valen nada: Los sacerdotes que quieren permanecer católicos, tienen el estricto deber de separarse de la iglesia conciliar, hasta que ella redescubra la Tradición de la Iglesia y la Fe católica]

Esta misma línea ha sido seguida por la FSSPX en sus negociaciones con la jerarquía romana en el siglo XXI. La FSSPX nunca ha ido a Roma, pidiendo que el Papa y la jerarquía se conviertan al tradicionalismo antes de que la posibilidad de un reconocimiento canónico sea siquiera considerada. [Entonces la declaración del capítulo general del 2006 es inexplicable: "Los contactos que mantiene la Fraternidad esporádicamente con las autoridades romanas tienen como único objeto ayudarles a que hagan otra vez suya la Tradición, de la que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no para lograr una ventaja para sí misma ni para llegar a un imposible “acuerdo” puramente práctico". Un acuerdo puramente práctico es el que tiene lugar sin que exista acuerdo en lo doctrinal. Ahora bien, para que Roma y la FSSPX estén de acuerdo en lo doctrinal, hay dos posibilidades: o Roma debe abandonar el modernismo y el liberalismo, o la FSSPX debe hacerse liberal y modernista. No existe un posible término medio. ¿Entonces? Nunca se ha pedido una profesión de fe por el Papa, una abjuración de herejía, un syllabus de errores, ni nada parecido. Hacer eso implicaría que la FSSPX es el superior y el Papa el inferior, como si fuera una cuestión de que el Papa recibiera un reconocimiento legal por la FSSPX en lugar de lo contrario. En resumen, esto implicaría un espíritu cismático. [De nuevo este sacerdote liberal y acuerdista pretende tener razón en contra de Mons. Lefebvre: “Suponiendo que de aquí a un tiempo Roma nos llame, nos quiera ver y volver a conversar, en ese caso seré yo quien ponga las condiciones [...] Y plantearé las cuestiones desde el plano doctrinal: "¿Están de acuerdo ustedes con las grandes encíclicas de los grandes papas precedentes? ¿Están de acuerdo con la Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei y Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están ustedes en plena comunión con esos papas y sus afirmaciones? ¿Aceptan también el juramento antimodernista? ¿Están por el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo? Porque si no aceptan las doctrinas de sus predecesores es inútil hablar. Mientras no acepten reformar el Concilio considerando la doctrina de los papas anteriores, no hay diálogo posible. Es inútil.” (Mons. Lefebvre, Fideliter Nº 66, septiembre 1988).
La FSSPX sólo ha pedido lo que le corresponde a su propia posición, especialmente la petición de ser dejada “tal cual es”. [Idea abandonada absolutamente por Mons. Lefebvre al retirar su firma del protocolo del 88, pero “exhumada y resucitada” por los acuerdistas debido a que resulta  muy conveniente para engañar o calmar ilusos en orden a lograr el traidor acuerdo puramente práctico] Ella trató de establecer en el Capítulo General del 2012 seis condiciones -ninguna de las cuales concernían a la fe del Papa- para asegurarse de que permanecería intacta y suficientemente autónoma bajo un hipotético reconocimiento canónico. [Porque el capítulo general estuvo el 2012 y sigue estando bajo el control de Mons. Fellay. “Curiosamente”, el P. Robinson “se olvida” del capítulo del 2006]

Esto no significa que los miembros de la FSSPX, incluso de posiciones muy altas, no han sido a veces tentados [¡!] a sostener que el verdadero espíritu del Arzobispo y de la FSSPX exige que el Papa profese el tradicionalismo doctrinal [es decir, la “fe católica íntegra”] antes de que pueda haber algún reconocimiento práctico. Esta es, después de todo, la postura de este conglomerado de sacerdotes ex miembros de la FSSPX y que llevan el nombre de “la Resistencia” y que tiene como uno de sus miembros a un antiguo obispo de la FSSPX. [¡Esa es nuestra postura, a mucha honra!]

Lo que se afirma aquí es que la posición de “estricta unidad de fe antes del reconocimiento canónico” no ha sido nunca, en ningún tiempo, la posición oficial de la FSSPX, ni en los tiempos del Arzobispo ni después de su muerte. [Cita de la famosa declaración del 21 de noviembre de 1974: "Nos negamos y siempre nos hemos negado a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que claramente se manifestó en el Concilio Vaticano II y, después del Concilio, en todas las reformas que le han seguido." Cita de la carta de los Superiores de la FSSPX de 6 de julio de 1988: "Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missae, el ecumenismo indiferentista, y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no formamos parte, nullam partem habemus, del panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro discasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione, fuera de la comunión, del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años, excluidos de la comunión impía con los infieles."]

Colaboración Posible

En principio, entonces, debe ser posible colaborar de alguna manera con un Papa modernista. [“Yo le dije (al Cardenal Ratzinger) incluso si usted nos concede un obispo, incluso si usted nos da cierta autonomía respecto de los obispos, incluso si usted nos concede toda la liturgia de 1962, si usted nos concede seguir con los seminarios y la Fraternidad como lo hacemos ahora, no podemos colaborar, es imposible; porque trabajamos en direcciones diametralmente opuestas: ustedes, ustedes trabajan para la descristianización de la sociedad, de la persona humana, de la Iglesia; y nosotros estamos trabajando para la cristianización.” (Cita de Mons. Lefebvre en su biografía escrita por Mons. Tissier de Mallerais, p. 548)] Vamos a alejarnos un poco de las conversaciones FSSPX-Roma, para comprender un hecho que es absolutamente fundamental para esta discusión: la FSSPX siempre ha colaborado hasta cierto punto con los Papas posconciliares. [En la teología moral se estudian los principios sobre la colaboración al mal, y ella aclara que esa colaboración puede ser lícita o ilícita. Técnicamente, se habla de colaboración formal y material, directa e indirecta, próxima y remota, etc. En este texto acuerdista no se hace ninguna de estas distinciones] Tres principios ayudarán a aclarar que este es específicamente el caso con el Papa Francisco.

El primer principio es que la FSSPX acepta que el Papa Francisco es el Papa [valga la tonta redundancia]. Monseñor Lefebvre, si bien demostrando una cierta tolerancia por sedevacantistas individuales, siempre rechazó el sedevacantismo en su fraternidad sacerdotal. Hasta el día de hoy, los candidatos a las órdenes mayores en la FSSPX deben afirmar frente al Santísimo Sacramento, la noche antes de su ordenación, que el Papa es Papa [dicho de un modo menos torpe: que tal hombre es el Papa].

El segundo principio es que el Papa Francisco es el Papa de la Iglesia Católica [¡Vaya precisión! Como si hubiera Papas en otras religiones, como si pudiera existir más de un Vicario de Cristo...]. Esto significa que él tiene el más alto cargo en una institución establecida por Nuestro Señor Jesucristo. Como tal, él no ha decidido y no puede decidir la finalidad de esta institución. La Iglesia es la Iglesia independientemente de sus opiniones personales sobre ella. Este es tal vez un raro ejemplo donde sería apropiado para él decir, “¿Quién soy yo para juzgar?” 

Esto debe tenerse en cuenta cuando consideramos ciertas direcciones en las que el Papa Francisco aparentemente [nótese el "aparentemente"] ha tratado de conducir a la Iglesia. Por ejemplo, parece [de nuevo: "parece"] que él quiere que la Iglesia sea un agente de ideología ecológica, es su moderna forma antihumana, como ha sido expresada por personas como Jeffrey Sachs y Paul Ehrlich. No hace falta decir que no es parte de la misión de la Iglesia fomentar “objetivos sustentables”, especialmente cuando implican reducciones drásticas de población mundial. Esto es verdad independientemente de si el Papa Francisco cree o quiere que esto forme parte de la misión de la Iglesia.

Tercero y último, los miembros de la FSSPX así como sus fieles son ya miembros de la sociedad real de la Iglesia Católica sobre la cual el Papa Francisco es la cabeza visible. En otras palabras, ellos tienen una unidad real con el Papa Francisco, no con el Papa Francisco en su “magisterio personal”, sino con el Papa Francisco como Papa. [Otra perogrullada] Ellos lo reconocen como la cabeza de gobierno de la Iglesia, ponen su retrato en sus capillas [gesto servil imperado por Mons. Fellay desde hace sólo unos 5 años], lo mencionan por su nombre en la Misa y la Bendición. Estos actos no son ni posturas hipócritas ni símbolos vanos; ellos indican la unidad real que existe entre la FSSPX y el Papa. Ellos indican que la FSSPX está colaborando, por lo menos hasta cierto punto, con el Papa Francisco por los intereses de la Santa Madre Iglesia. [Cuando los Cristeros hablaban del “Presidente Calles”, colaboraban -al expresarse así- hasta cierto punto, muy remotamente y dentro de los límites de lo que está permitido, con ese tirano. Pero los Cristeros no por eso dejaban de combatir contra él. Los acuerdistas de la FSSPX quieren, por el contrario, someterse a un Papa liberal y modernista]

Reconocimiento Canónico, no una Unión

El hecho de que en la FSSPX ya exista una unidad real con el Papa Francisco recuerda un hecho clave que frecuentemente es olvidado por los que rechazan la prelatura personal: por el reconocimiento canónico de la FSSPX por el papa Francisco no se trata de que la FSSPX se una a algo. Es más bien que se le otorgue una posición legal en un cuerpo al cual ya está realmente unida. [Sofisma. Un ciudadano católico que ha sido encarcelado por luchar contra su gobierno anticatólico, se encuentra vinculado o unido a ese poder de diversos modos; pero si es liberado por el tirano que gobierna, no le es lícito dar por terminada su resistencia, ni menos ir a ponerse “a las órdenes” del tirano. La FSSPX es parte de la Iglesia, por lo que está unida de distintos modos o puntos de vista a todos los buenos y malos que pertenecen a la Iglesia. Convertida en prelatura personal, deberá obedecer en todo a un Papa nefasto, liberal y modernista. Entonces, transgrediendo los debidos límites, cuando la Fraternidad acepte ser convertida en prelatura personal, quedará unida de un nuevo modo ilícito al demoledor Francisco y al resto del clero conciliar]

Con mucha frecuencia, los rechazadores enmarcan la discusión de las relaciones FSSPX-Roma como si se tratara de que la FSSPX estuviera obteniendo una membrecía en la “Iglesia de Francisco”, cuando de hecho no hay nada a lo que la FSSPX se una a lo cual no pertenezca ya. [Lo que la Resistencia afirma es esto: no es lícito someter la FSSPX a las autoridades modernistas. Los acuerdistas responden que sí es lícito porque eso “repara una injusticia cometida contra la Fraternidad” y “abre puertas” al apostolado. Por lo demás: "Hay que convencer a los fieles de que se trata de una maniobra, que es un peligro ponerse en manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el mayor peligro que les amenaza. Si hemos luchado durante 20 años para evitar los errores conciliares, no es para ponernos ahora en manos de quienes los profesan.” (Mons. Lefebvre, Fideliter Nº 70, Julio-agosto 1989)]

La FSSPX estaría uniéndose a una organización solamente si:
La FSSPX fuere cismática y por lo tanto fuera de la Iglesia, lo que nosotros negamos con vehemencia.

O que las autoridades constituyan una iglesia no católica en el sentido estricto organizacional del término, algo que también negamos.

Muchos de nosotros en la FSSPX han tenido conversaciones con parientes Novus Ordo o amigos que, juzgando por apariencias superficiales, nos han acusado de estar “fuera de la Iglesia” porque nuestras parroquias no están aprobadas por las diócesis. Y nosotros, sin duda, les hemos explicado que la separación es solamente aparente pues aceptamos completamente [¡!] la autoridad del Papa y los obispos. Pero así como la "separación" de las autoridades de la Iglesia causada por la falta de una estructura canónica es sólo aparente, también la "unión" a algo mediante la aceptación de una estructura canónica es sólo aparente. Si el Papa da a la FSSPX una prelatura personal, parecería a algunos que de este modo la FSSPX habría entrado en comunión con la Iglesia (“plena comunión” en su terminología). En realidad, nada habría cambiado respecto a la comunión de la FSSPX con la Iglesia [una perogrullada más]. Esa comunión habría existido integralmente tanto antes como después del otorgamiento de la estructura canónica.
Este punto es muy importante a la luz de aquellos que sostienen que el reconocimiento canónico es un error en cualquier situación donde el Papa no tenga la misma fe en la Iglesia Católica que tienen los tradicionalistas, porque los tradicionalistas estarían buscando unir sus esfuerzos con alguien que no comparte el mismo objetivo [con un enemigo de la Iglesia, mejor dicho]. El hecho es que los tradicionalistas necesariamente deben unir sus esfuerzos en cierto grado con el Papa Francisco, simplemente reconociéndolo como Papa y tratando de promover los intereses de la institución de la cual él es la cabeza visible. La fe modernista del Papa Francisco no puede, entonces, ser un completo obstáculo para la colaboración [1° “Fe modernista”: el P. Robinson reconoce que Francisco es un hereje. 2° En cuanto al clero modernista, hay que tener en cuenta que sucede con ellos como con Caifás, quien, sin dejar de ser el verdadero Sumo Sacerdote de Dios, era también deicida. Caifás era -por su investidura- ministro de Dios  y -por su pecado- ministro del demonio. Lo mismo sucede con la Jerarquía modernista. Ella debe ser reconocida como Jerarquía de la Iglesia Católica, pero ella debe ser desobedecida cuando actúa como instrumento del demonio (*)].

Si estamos de acuerdo que la unidad de fe con el Soberano Pontífice no es, en sí misma, necesaria para la colaboración, se plantea entonces esta pregunta: ¿el reconocimiento canónico de la FSSPX es una de esas áreas donde la colaboración con un Papa modernista es posible? ¿O el modernismo excluye positivamente tal posibilidad, ya que la colaboración está al nivel de una estructura canónica?

Niveles de colaboración

Si intentáramos establecer un principio general sobre las circunstancias donde la colaboración con un Papa legítimo de fe dudosa [antes dijo “modernista” y ahora dice “dudosa”] es buena y cuándo no lo es, sería este: colaboración con un tal Papa es buena cuando es moralmente cierto que él está trabajando por el bien de la Iglesia y malo cuando es moralmente cierto que no. [Falso principio, pues los Papas liberales, ministros de Dios y del demonio, hacen una y otra cosa, lo que posibilita que los acuerdistas siempre puedan pretender fundarse en el bien que hacen esos Papas para colaborar más allá de lo lícito con ellos. El principio es este otro: a una congregación que conserva la fe íntegra (y que por eso es necesariamente antiliberal y antimodernista), no le es lícito hacer peligrar la fe que conserva ni dejar de defenderla, sometiéndose a un Papa que carece de esa fe íntegra]

Este parece ser el principio bajo el cual el Arzobispo estaba operando. En su sermón antisedevacantista de ordenaciones de 1982, declaró:

“A pesar de las heridas en la Iglesia, a pesar de las dificultades, de la persecución que sufrimos, incluso por parte que tienen la autoridad en la Iglesia, no abandonemos la Iglesia, amemos la Santa Iglesia nuestra madre, sirvámosla siempre, a pesar de las autoridades, si es necesario… queremos ayudar a la Santa Iglesia Católica Romana”. Apología pro Marcel Lefebvre, vol. III, pp. 415-416. [Pero el que resiste a una Jerarquía de traidores liberales, no abandona por eso a la Iglesia]

Cuando dice “a pesar de las autoridades, si es necesario”, implícitamente está diciendo “con las autoridades, si es posible” [?]. Pase lo que pase, la FSSPX debe servir a la Iglesia, no a los hombres de Iglesia como tales. [“El más grande servicio que podemos hacer a la Iglesia y al sucesor de Pedro es rechazar la Iglesia reformada y liberal” (Mons. Lefebvre, “Carta abierta a los católicos perplejos”, Cap. XVIII)] Cuando éstos actúan en contra de la Iglesia -y lo hacen claramente- la FSSPX no debe cooperar. En el caso de las consagraciones de 1988, la FSSPX debe ir tan lejos como actuar en oposición a la autoridad de la Iglesia para servir a la Iglesia. Cuando los hombres de Iglesia actúan por el bien de la Iglesia, por otro lado, entonces por supuesto que la FSSPX debe cooperar. Hacer lo contrario sería obrar en contra de la Iglesia. Esto es verdad si los hombres de Iglesia que obran en bien de la Iglesia son modernistas o no lo son, si su fe se alinea exactamente con la de los católicos tradicionales o no. [Pero una vez que la FSSPX se convierta en prelatura, ¿alguien en su sano juicio puede suponer que ella va a negarse a obedecer todo lo que se le mande “en contra de la Iglesia” y, además, que se va a atrever a criticar lo que la Jerarquía modernista hace “en contra de la Iglesia”? Pura ilusión. El actual silencio cómplice de Mons. Fellay antes de cualquier acuerdo, ¿no indica nada? Los casos de congregaciones que tuvieron esas ilusiones y fueron “alineadas” por Roma apóstata, ¿no son un testimonio elocuente de lo que los herejes romanos intentarán hacer con la FSSPX?]

Respecto a la prelatura personal, el magisterio personal del Papa Francisco, en sí mismo, no es necesariamente un obstáculo para que la FSSPX use tal prelatura para el bien de la Iglesia. El Papa no tiene que ser un firme defensor de Pascendi por su hipotético reconocimiento de la SSPX para dar fruto. Todo lo que tiene que hacer es adherirse a los términos de la prelatura [puras ilusiones].

Ejemplo para ilustrar

Para ver por qué no sería malo colaborar con un Papa modernista si actúa en nombre de los verdaderos intereses de la Iglesia, considere el siguiente ejemplo. Suponiendo que hubiera existido una organización llamada “La Sociedad de los Salvadores” en Francia, bajo el pasado régimen socialista de François Hollande. Sería un grupo de mujeres que tratan de salvar a las madres embarazadas y sus hijos por nacer del aborto. La Sociedad ya está trabajando en Francia haciendo cosas positivas por el bien común de la gente. Sin embargo, ellas harían mucho más bien si estuvieran registrados como una corporación por el gobierno, esto es, si tuvieran un estatus legal en el país. Ahora, asumiendo que el gobierno de Hollande es legítimo [pero no los es sino relativamente. No existe un gobierno socialista con “legitimidad de ejercicio”, pudiendo tener, sí, “legitimidad de origen”], que Hollande recibió su autoridad de Dios y que la recibió con el propósito de promover el bien común. Si el mismo Hollande escucha la petición de la Sociedad de los Salvadores, sabe de lo que se trata, y elige incorporar a la Sociedad de estas excelentes mujeres como un cuerpo legal, él estará fomentando el bien común de hecho y, en este caso al menos, las mujeres colaborarán con el gobierno por el bien del país.

¿Deben las mujeres tener escrúpulos en recibir este reconocimiento legal de tal gobierno, diciéndose a sí mismas, "Hollande no tiene la misma idea del bien común que nosotros tenemos, y por lo tanto no podemos trabajar con él para el bien común?" Claramente no, porque Hollande, en este ejemplo, está trabajando objetivamente por el bien común. Además, Hollande sostiene una autoridad que no termina con él, sino que finalmente descansa en Dios. Y Dios ha determinado el propósito de todas sociedades y ha conferido el poder a las cabezas de estado para el fomento de ese propósito. Entonces, cuando la Sociedad de los Salvadores está colaborando con Hollande por el bien común de Francia, está colaborando en última instancia con Dios. [1° El primer deber de un católico ante un gobierno anticatólico, es combatirlo. 2° Lo que no significa que sea imposible colaborar al bien que a veces haga ese gobierno anticatólico (un ejemplo: construcción de obras públicas. Otro: creación de hospitales). 3° Pero el caso de la Fraternidad no tiene paridad con el de la organización que menciona el autor, porque la FSSPX transformada en prelatura quedaría bajo a las órdenes de un tirano como Francisco, y no simplemente “reconocida por Francisco como parte de la Iglesia Católica”… con una supuesta libertad plena para combatir al mismo demoledor Francisco. ¡Por favor! ¡Un poco de realismo!]

Por supuesto, sería importante que las mujeres se aseguren que Hollande no las provee con un estatus legal como una trampa con la cual las destruirá más tarde. Pero esta cuestión es de prudencia -una cuestión fuera de la discusión de este artículo- no una de principios. En principio, no hay problema que la Sociedad de Salvadores, en esta situación, acepte el estatus legal de un gobierno socialista.

Este ejemplo no significa que la Iglesia es equivalente a un gobierno civil en ningún aspecto; es más bien similar analógicamente. Una importante diferencia entre los dos, por ejemplo, es que la Iglesia nunca puede fallar como institución. [Acá el P. Robinson omite diversas distinciones necesarias] Nuestro Señor le prometió estar con ella hasta el fin de los días, algo que no prometió a ningún gobierno secular. Por lo tanto, nunca podría haber una situación en la que un católico estuviera justificado al rechazar la autoridad gobernante de la Iglesia, como tal. [Luego, ¿la FSSPX nunca debió dejar de estar sometida a la Jerarquía liberal? No se rechaza la autoridad como tal, sino la sujeción “regular” a los herejes que usurpan la Jerarquía]

Por otra parte, los católicos han tenido derecho a rechazar la autoridad de gobierno civil en algunos casos. El Papa San Pío V, por ejemplo, aconsejó a los católicos ingleses no reconocer la autoridad de la reina Isabel I durante su nefasto reinado.

Tal escenario no es posible para la Iglesia, dado que Ella, en su estructura visible y en la realización de su fin, no puede fallar. [Pero la evidente falla de los Papas desde Juan XXIII hasta el actual, no impide el fin de la Iglesia, sino que lo obstaculiza en parte] De este modo no puede haber ninguna expectativa por parte de los católicos -por lo menos aquellos que creen en la indefectibilidad de la Iglesia- de discernir cuándo y dónde descartar al cuerpo gobernante de la Iglesia. [Según este falso principio, habría que aceptar el Vaticano II y cualquier enseñanza o decisión que venga de la Jerarquía]

Aplicación

Mencionamos anteriormente que el Papa no tiene el poder de cambiar el fin de la Iglesia; su cargo es algo de su propia creación, sino que viene de Nuestro Señor Jesucristo. El cargo fue diseñado por Él para el fomento de la finalidad de la Iglesia, que es la salvación de las almas, la razón por la cual Jesucristo la fundó. Como tal, el Papa, por su mismo cargo, es un instrumento de Jesucristo y trabaja por el fin de Jesucristo, siempre que no esté abusando de su cargo. [Y cuando abusan gravemente de su cargo destruyendo la Iglesia, como vemos han hecho los Papas desde Juan XXIII en adelante, se hacen instrumentos del demonio y anticristos, como Caifás] De hecho, los actos jurídicos del Papa tienen autoridad y fuerza siempre y cuando sirvan a los intereses de Jesucristo.

Por lo tanto, cuando el Papa Francisco realiza actos que sirven a los intereses de la Iglesia, la FSSPX también sirve a la Iglesia colaborando con esos actos. Ciertamente, esto es lo que tiene lugar cuando la FSSPX agradecidamente acepta de las manos del Papa Francisco la jurisdicción ordinaria para la realización de las confesiones y matrimonios. [Nuevamente: "Hay que convencer a los fieles de que se trata de una maniobra, que es un peligro ponerse en manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el mayor peligro que les amenaza. Si hemos luchado durante 20 años para evitar los errores conciliares, no es para ponernos ahora en manos de quienes los profesan.” (Mons. Lefebvre, Fideliter Nº 70, Julio-agosto 1989)]
El mismo principio aplica a la cuestión del reconocimiento canónico: si éste sirve a los intereses de la Iglesia, la FSSPX debe colaborar; si no, la FSSPX no debe colaborar. Para el Arzobispo, la respuesta a esta cuestión era la misma a la respuesta a lo siguiente: ¿La FSSPX podrá permanecer como es y continuar su obra en libertad? ¿O será destruida por el reconocimiento canónico? [Sólo la deshonestidad, la ingenuidad o la estupidez, pueden llevar a alguien a afirmar que la FSSPX podrá estar sometida a un Papa liberal y modernista y seguir siendo antiliberal y antimodernista]

Los que ven esta pregunta como siendo solamente “¿cuál es la fe del Papa?”, parecen confundir el Papa con la Iglesia, cayendo en cierta clase de papolatría. Ellos parecen pensar que el bien de la Iglesia sólo puede ser identificado con lo bueno del magisterio personal del Papa. Cuando ese magisterio es correcto, entonces el reconocimiento canónico promueve el bien de la Iglesia. Cuando el magisterio es falso en algunos aspectos, entonces el bien de la Iglesia no puede ser fomentado por un reconocimiento canónico. O bien el Papa se alinea perfectamente con su oficio o los católicos temerosos de Dios no pueden colaborar con él. [Mientras los Papas sigan siendo liberales y modernistas, no es lícito poner bajo su mando una congregación antiliberal y antimodernista]

Por el contrario, uno puede imaginar muchas situaciones en las cuales un reconocimiento canónico de la FSSPX fomentaría realmente el bien de la Iglesia, a pesar de la fe personal del Papa, y debe ser aceptado si uno quiere realmente servir a la Iglesia. Que tal sea la situación en este momento, no está en el poder de este artículo juzgar. Pero que tal situación puede existir debe ser evidente para todos. Por el hecho de que puede existir, resulta falsa la posición de que la aceptación de un reconocimiento canónico debe ser juzgada sólo sobre la base de unidad en la fe con el Papa.

Conclusión

La colaboración sólo cuando hay una completa unidad de fe con el Papa nunca ha sido la posición de los líderes de la FSSPX, ni en tiempos del Arzobispo ni después.
[Falso, según lo señalado] Como tal, siempre ha habido, hasta cierto punto, colaboración entre la FSSPX y el Papa, y alguna medida de colaboración existe en este momento. [Como se ha explicado, hay colaboraciones lícitas e ilícitas con los malos y con el mal] Hablando en general, la colaboración debe ser rechazada cuando es contraria a los intereses de la Iglesia y aceptada cuando es en pro del interés de la Iglesia. Específicamente, entonces, el reconocimiento canónico debe ser aceptado si es por el bien de la Iglesia y rechazado si no lo es, independientemente de la fe del Papa. [La aceptación de un reconocimiento canónico, con la sujeción a las autoridades liberales y modernistas que él necesariamente implica; es algo moralmente ilícito]
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(*) Respuesta a esta posible objeción: "En el momento de la Pasión de Cristo, el verdadero Sumo Sacerdote de Dios era Pedro, no Caifás". Respuesta: Nuestro Señor primero promete y después confiere el primado a San Pedro. Se lo prometió  antes de la Pasión, pero se lo confirió después de la resurrección. Cita del Manual de Teología Dogmática de Ludwig Ott: "A San Pedro se le prometió el primado después que hubo confesado solemnemente, en Cesarea de Filipo, la mesianidad de Cristo. Díjole el Señor (Mt 16, 17-19) : «Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado, sino mi Padre, que está en las cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro [= Cefas], y sobre esta roca edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos» (...) El primado se lo concedió el Señor a Pedro cuando, después de la resurrección, le preguntó tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo : «Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas» (Ioh 21, 15-17)."