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martes, 17 de octubre de 2017

MONS. TOMÁS DE AQUINO OSB: VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 33



VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 33

23 de septiembre de 2017
Vox túrturis audita est in terra nostra”       
(Cant. II, 12)

Resistencia II

¿Cuál es el origen de la palabra Resistencia?
La palabra Resistencia viene del latín “resistere”, que significa estar firme, resistir, oponerse.
¿Se encuentra esta palabra en la Sagrada Escritura?
Sí.
¿Podría citar algún pasaje?
San Pedro en su 1ª Epístola escribe: “Sed sobrios y velad: porque vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe”. (I Pedro V, 8, 9).
San Pablo, por su parte, resistió también al mismo San Pedro por causa del peligro que San Pedro hacía correr a la fe por su conducta en Antioquía: “Mas cuando Cefas vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno, de reprensión”. (Gal. II, 11)
¿Dice algo Santo Tomás a este respecto?
Sí: “Cuando hay inminente peligro para la fe, escribe, los superiores deben ser corregidos por sus inferiores incluso públicamente” (IIª, IIª q. 33, a. 4 ad 2). En otras palabras, los inferiores deben resistir a los superiores como San Pablo resistió a San Pedro por causa del peligro que corría la Fe. Santo Tomás, en el artículo citado, explica la actitud de San Pablo así como la de San Pedro, que aceptó la reprensión, dando de esta forma un ejemplo de humildad para los superiores.
¿Mons. Lefebvre utilizó el término resistencia o resistente?
Sí. Los encontramos en sus libros y en sus cartas.
¿Podría citarnos algún pasaje?
“Dom Gérard usa de todos los argumentos para adormecer a los resistentes”. Esto lo escribió en una carta del 18 de agosto de 1988.
Y en la misma carta dice también:
“Él (Dom Gérard) nos acusa de ‘resistencialistas’.”
¿Qué se reprueba en Mons. Fellay?
El hecho de que no tenga en cuenta estas palabras de su fundador: "Es un deber estricto, para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica” (Itinerario Espiritual, pág. 31)
¿Cuáles son las consecuencias de que Mons. Fellay no se separe de la iglesia Conciliar?
Mons. Fellay se contamina y contamina poco a poco toda la Fraternidad y las comunidades amigas.
¿De qué contaminación se trata?
Del liberalismo neomodernista y neoprotestante de la iglesia conciliar. El contacto con las autoridades romanas actuales y con los padres progresistas conduce a esta contaminación, que se hará todavía mayor ahora que los padres progresistas pueden celebrar matrimonios de fieles de la Tradición.
¿Qué actitud debe tomarse delante de Roma y de Mons. Fellay?
La resistencia, es decir, una actitud de oposición pública al que causa el detrimento de la fe (ver artículo de Arsenius, Voz de Fátima n° 32).
¿No hay peligro de cisma en esta actitud?
Quienes corren peligro de cisma son los mismos liberales modernistas que se separan de la Tradición de la Iglesia.
¿Pero no hay peligro de cisma en la Resistencia?
La posición de la Resistencia no encierra ningún peligro de cisma si ella se mantiene fiel a la línea de conducta de Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer.
¿Y los sedevacantistas?
La Resistencia no es sedevacantista y no todo sedevacantista o simpatizante del sedevacantismo es cismático; sin embargo, el sedevacantismo es una tendencia peligrosa contra la cual Mons. Lefebvre alertó a los sacerdotes y fieles.
+ Tomás de Aquino OSB
U.I.O.G.D.

domingo, 15 de octubre de 2017

NEO-FSSPX: MÁS AMBIGÜEDADES

Más y más ambigüedad. Ahora la FSSPX publica un artículo titulado "¿Firmar o no firmar la Corrección filial?", en el que la Fraternidad se limita a dar la palabra a dos clérigos liberales de ¨línea media”: los Padres Blake y Bux.

El P. Ray Blake es un “conservador” inglés projudío que, según él mismo confiesa, no se atrevió a firmar la Correctio por temor a represalias. Un liberal moderado que sí se atreve a escribir esto, en su blog, el 4 de octubre, hablando sobre la misma Correctio: "Una de las agencias de noticias 'semioficiales', Rome Reports (...) afirmó que los firmantes 'rechazaron el Vaticano Segundo'. Aunque tengo dificultad para interpretar el significado real de ciertos pasajes ambiguos, yo podría haber estado inclinado a firmar la Correctio precisamente porque acepto el Vaticano II. No estoy seguro de si es prudente que esté ahí el nombre del obispo Fellay, pero personalmente me alegra que así sea; es más: él dice que acepta el 98% del Consejo, que es probablemente mucho más que su prelado medio tanto en Roma como en las periferias."

El P. Nicola Bux, por su parte, es otro sacerdote “liberal de derecha” muy cercano a Benedicto XVII, que es o ha sido consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de otros dicasterios romanos. Ferviente partidario del acuerdo traidor entre la FSSPX y Roma, escribió en marzo de 2012 una carta melosa por la que animaba a Mons. Fellay a dar el paso suicida: Venid con seguridad a Roma, a la casa del Padre común, que nos has sido dado como perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad católica. Venid a participar de este bendito futuro, del cual, aún en medio de persistentes tinieblas, ya se ve el amanecer. Vuestro rechazo aumentaría el espacio de las tinieblas, no el de la luz."

¿Firmar o no firmar la Corrección filial?
La Corrección filial dirigida, el 24 de septiembre de 2017, al papa Francisco, respecto a los pasajes heterodoxos de Amoris laetitia, cuenta hasta hoy con 235 firmas de clérigos y universitarios laicos. Los primeros 62 signatarios hicieron saber, desde el principio, que ellos representaban “igualmente a otras personas que no tienen la libertad de expresión necesaria para firmar».
Esto es lo que confiesa con toda humildad en su blog, el 28 de septiembre, el Padre Ray Blake de Brighton (Reino Unido), que firmó la Carta de los 45 teólogos al cardenal Angelo Sodano en 2016, y que renunció a firmar la Corrección filial en 2017: «Se me pidió firmar la Corrección filial. Yo firmé el año pasado la carta de los 45 universitarios y pastores, y casi inmediatamente encontré el automóvil del cardenal Nichols (arzobispo de Westminster, NDLR) estacionado en mi jardín para informarme de su disgusto, el cual era bastante ligero en comparación de la suerte de los otros signatarios laicos que fueron despedidos de sus empleos en instituciones católicas, siendo el más prestigioso de ellos el Dr. Josef Seifert. Lo admito, tengo miedo de firmar y conozco a otros sacerdotes que comparten mi temor. Muchos de los que hubieran podido firmar tienen, en el curso de los últimos cuatro años, un cierto temor respecto a su posición en la Iglesia. (…)
«El clima es malo en toda la Iglesia, en Roma es positivamente tóxico. Bajo Francisco, el Vaticano se ha convertido en un lugar de miedo y de opresión arbitraria, como lo atestigua la evicción del cardenal Muller por el papa, y anteriormente el despido de dos sacerdotes de la Congregación de la fe, y entre los laicos, Libero Milone, antiguo Verificador general de las cuentas, y muchos otros. No es solamente en teología que 2+2 = 5 o no importa cuál cifra elegida por el papa ese día, esto se extiende a la moralidad y a la decencia humana ordinaria, y esto es finalmente un ataque grave contra la racionalidad de la fe católica y el rigor intelectual. (…) La Iglesia de Jesucristo no es una multitud, el gran defecto del papa Francisco es que en lugar de reunir el rebaño, lo dispersa, enviando a muchos al desierto, o a la confusión y el miedo”.
Junto a aquellos que no tuvieron la libertad de firmar la Corrección filial, están también los que, sin firmarla, le aportan su apoyo intelectual y moral, como Mons. Nicola Bux, sacerdote italiano muy cercano a Benedicto XVI, quien concedió una entrevista, el 5 de octubre de 2017, al sitio italiano La Fede Quotidiana, retomada al día siguiente en forma de resumen por Maike Hickson en el sitio americano OnePeterFive:
«Don Bux subraya que “el derecho canónico reconoce que los fieles tienen el derecho -y a veces incluso el deber- de expresar sus pensamientos a los pastores por el bien de la Iglesia”. Los “mismos pastores no son infalibles”, agregó. Los fieles están obligados a obedecer al papa cuando enseña “de manera definitiva” una doctrina de fe o de moral, dijo Don Bux. La misma obligación se aplica a los documentos no falibles, es decir, “a los actos del papa que aspira a volver más claros ciertos aspectos de la fe y de la moral reveladas por Dios”. Sin embargo, precisa, no se debe obedecer cuando los pastores, y sobre todo el papa, en lugar de reforzarla, debilita la fe de los cristianos con sus pensamientos personales, por sus palabras o sus acciones”. Don Bux parece hacer aquí una referencia indirecta a la Corrección filial que cita explícitamente no solamente a la misma Amoris Laetitia , sino que igualmente concierne a las palabras y acciones del papa fuera de este documento oficial.
«Don Bux declara entonces muy claramente que, en el caso de debilitamiento de la fe, los cristianos “deben expresar (al papa) su oposición con el respeto que le es debido. La autoridad del papa en la Iglesia no debe ser falsamente confundida con un poder absoluto”. El sacerdote italiano espera que las dos proposiciones del cardenal Gerhard Muller y del cardenal Pietro Parolin para una discusión más profunda sobre estas cuestiones, serán tomadas en cuenta.
«Si bien el mismo Don Bux no es “un teólogo moralista” él precisa sin embargo que los numerosos llamados, declaraciones y dubia respecto a Amoris lætitia indican que “una aclaración es necesaria”. “Se encuentran no solamente errores teológicos y ambigüedades, sino también errores de naturaleza filosófica y lógica”, explica. (Ciertas de las ambigüedades y errores filosóficos y lógicos de Amoris lætitia han sido bastante bien señalados y sin cesar explicados por el Profesor Josef Seifert).
«Don Bux caracteriza la reacción desfavorable a la crítica de Amoris lætitia como “un debate impertinente, porque no se quiere responder a los argumentos de fondo”. Amoris lætitia causa mucha confusión en cuanto a su aplicación, notablemente en el caso de las personas divorciadas y vueltas a casar y de su acceso a la santa comunión.
«A escuchar y a leer por todos, Don Bux insiste sobre el hecho de que el papa tiene “el deber de preservar la fe tal cual ha sido confiada a la Iglesia” y que debe “proclamarla de suerte que, en nuestros días, la gente pueda convertirse a Cristo y no permanecer incrédula”. El pastor italiano nos recuerda igualmente que la misión última de la jerarquía católica no es el resolver “problemas políticos”, sino más bien “proclamar el Evangelio y administrar los sacramentos”. La misión del sacerdote católico es “honrar a Dios y salvar almas”. Como lo dijo Don Bux: “Jesucristo vino al mundo para salvar las almas del pecado y conducirlas a Dios Padre”. Así, él rechaza la idea de una Iglesia “en la cual todo el mundo, sin convertirse necesariamente a Jesucristo e independientemente del Decálogo, continúa a vivir como quiere”.
«Don Bux reconoce que “la Iglesia se encuentra ahora en gran confusión” y -según las palabras del Profesor Ernesto Galli Della Loggia (historiador, editorialista en Corriere della Sera. NDLR): “que ella entre en concurrencia con la ONU, la FAO (Organización para la alimentación y la agricultura)” que no son para nada católicas. Don Bux concluye esta excelente entrevista con estas palabras: “Jesús dijo que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma” (Cf. Marcos 8, 36).”

sábado, 14 de octubre de 2017

ARSENIUS - VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 32



VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS 
Nº 32


23 de septiembre de 2017
Vox túrturis audita est in terra nostra”       
(Cant. II, 12)

Resistencia I
Podemos entender el movimiento llamado Resistencia como una actitud de oposición pública al detrimento (o al peligro de sufrir detrimento) de la Fe.
Quisiera explicar el sentido de las diversas partes de esta especie de definición dada arriba:
"Actitud": una posición, una postura y los actos derivados de la misma.
"Pública": característica que distingue a aquellos que pertenecen a la Resistencia de los que (a pesar de resistir las tentativas que se hacen aquí y allá para una regularización canónica indebida para el tiempo actual) no lo hacen de modo tan público.
“En detrimento de la Fe”: aquello a lo que se resiste principalmente, implicando a las personas que actúan en el sentido de este detrimento, pues la oposición a estas personas es una consecuencia de la oposición al detrimento de la Fe.
“(O al peligro de sufrir detrimento de la Fe)”: pues hay acciones que no son directamente contra la Fe, pero que conducen al detrimento de la misma, como cuando el Papa Paulo VI ordenó a Mons. Lefebvre no hacer las ordenaciones sacerdotales en 1976; orden a la cual Mons. Lefebvre no se sometió, por ver que esta sumisión traería un detrimento de la Fe.
Con eso, esperamos haber ayudado a disipar las nubes de malentendidos sobre nuestra posición en los días calamitosos por los que pasa la Santa Iglesia de Dios.
Quiera María Santísima, la Señora del Rosario de Fátima, cuyo centenario de las apariciones conmemoramos, bendecir todos nuestros sufrimientos y emprendimientos en favor de la doctrina revelada por Su Divino Hijo.
Arsenius

viernes, 13 de octubre de 2017

MILAGRO DEL SOL: CIEN AÑOS




Este 13 de octubre de 2017, celebramos el Centenario de la Sexta Aparición de María Santísima en Cova de Iria.
La última de las 6 apariciones a los pastorcitos se efectuó el 13 de octubre de 1917, cuando la Virgen había prometido hacer un milagro de tal magnitud, que cuantos lo vieran pudiesen creer en sus apariciones.
Lucía en la aparición del 13 de julio de 1917, había pedido a Nuestra Señora hacer un milagro para que todos crean que Usted se nos aparece. La Virgen respondió entonces prometiendo un milagro que todos han de ver para creer.

I. La danza del sol

Cuando llegó el esperado día, éste amaneció frío y lluvioso, la jornada precedente, todos los caminos hacia Cova de Iría estaban atestados de gente que iba a pie, en bicicletas o vehículos. Los peregrinos de fe avanzaban descalzos, cantando y rezando el Santo Rosario, millares pasaron la noche al aire libre, y a pesar de lo poco propicio del tiempo, apresuraban el paso para encontrar un buen lugar para la aparición del día siguiente.
Una multitud de entre 50 a 70 mil personas de todo Portugal, muchas de ellas descreídas, burlonas y curiosas se hallaban el 13 de octubre en el lugar de las apariciones.
Los tres videntes, esta vez ataviados de fiesta, se hicieron paso por entre el mar de gente a eso de las once y media y como en las otras 5 apariciones anteriores, los videntes vieron el reflejo de una luz, y enseguida a Nuestra Señora en la encina.
Luego del diálogo narrado por la Hermana Lucía, Nuestra Señora dijo:
«Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados. Y tomando un aspecto más triste, [Nuestra Señora agregó]: No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido».[1]

Dicho lo cual -en su último aviso y la esencia del Mensaje destinado a pasar de generación en generación como el Mensaje de Fátima se despidió… y al despedirse, mientras se elevaba, abrió las manos que se reflejaron en el sol, o, como les pareció a Francisco y a Jacinta, indicó el sol con el dedo.[2]

Lucía entonces dijo a los presentes que mirasen el sol, paró la lluvia e inmediatamente se abrieron las nubes dejando ver un claro de cielo azul.
«De repente, el sol comenzó a vibrar con bruscos movimientos y empezó a girar vertiginosamente sobre sí mismo como una rueda de fuegos artificiales, desprendiendo en todas direcciones chorros de luz verde, roja, violeta, amarilla y azul, coloreando de manera fantástica las nubes, los árboles, las rocas y la tierra. A unos cuantos minutos, el sol quedó quieto y un momento después volvió a su rapidísimo movimiento, con la sorprendente danza de luz y de color cual no cabe imaginar en el más extraordinario castillo de fuegos de artificio. Una vez más dejó el sol su prodigioso bailoteo al cabo de unos minutos, pero tras una breve pausa, por tercera vez se hizo más brillante. Durante doce minutos pudieron percibir el maravilloso fenómeno en un radio de más 40 kilómetros todas y cada una de las personas congregadas».[3]

La gente podía mirar directamente al sol sin afectar la vista.
El arzobispo Fulton Sheen subraya empero, que, no fueron estas tres rotaciones del sol lo que impresionó a la muchedumbre: el mayor estupor lo causó un terrible descenso del sol, que fue el momento culminante del grandioso milagro.

La multitud tuvo la impresión de que el sol iba a desprenderse del firmamento y precipitarse sobre ella incendiándola y por eso prorrumpe en un grito único de terror y estupor: ¡Milagro! ¡Milagro!, mientras que al unísono cae de rodillas sobre el barro y gime: ¡Misericordia Dios mío! Creo en Dios, Dios te salve María… Y hacia el Cielo, se eleva suplicante y fervoroso, el acto de contrición: Pésame de todo corazón de haberos ofendido…

Por fin, deteniéndose de repente el sol en su alocada caída, volvió a subir a su sitio en zigzag, conforme había sido el descenso, y acabó recobrando gradualmente su acostumbrada luminosidad… Aunque todos habían quedado empapados por la lluvia de la mañana, encontraron completamente secas sus ropas apenas después de la Visión.
«El ciclo de las visiones de Fátima había terminado».[4]

«La danza del sol era para la multitud, para que viese; para que viendo creyese y creyendo llevase a los más alejados, presentes y futuros, junto con la noticia del prodigio la otra más saludable: la Virgen había descendido de su solio estrellado para traer a los hombres un mensaje de misericordia y salvación».[5]

II. La masonería atestigua el milagro

¿Había tan sólo campesinos católicos portugueses asistiendo a este milagro predicho? Entre las 70.000 personas, se encontraba el periodista masónico Avelino de Almeida, a la sazón Jefe de Redacción de O Seculo, un diario masónico de Lisboa, liberal y anticlerical, que así se constituyó en testigo ocular de los acontecimientos en Cova da Iría.

«Al momento del gran Milagro estaban presentes algunos de los eruditos más ilustres, de las artes y de las ciencias, y casi todos ellos eran incrédulos que habían venido a causa de la curiosidad, llevados allá por la predicción de los videntes. Hasta el Ministro de Educación del gobierno masónico estaba presente».[6]

«Pude verlo [el sol] semejante a un disco nítido de luz viva, luminosa y luciente, pero sin molestar. No me pareció buena la comparación que en Fátima oí hacer, de un disco de plata opaca. Porque tenía un color más claro, activo y rico y además con cambiantes como una perla…Se sentía que era un astro vivo…Parecía una rueda bruñida cortada en el nácar de una concha…Maravillosa cosa que pudiera fijarse largo tiempo en el astro, llama de luz y brasa de calor, sin el menor dolor en los ojos y sin ningún deslumbramiento en la retina que cegase».[7]

III. Milagro único

La Divina Providencia confió a una Mujer el encargo de vencer al demonio, en el primer día tan funesto en que el demonio se introdujo en el mundo, Dios habló en el Paraíso Terrenal a la serpiente para decirle:
Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya, y tú permanecerás a la espera de su talón.

«Dios no ha hecho ni formado nunca más que una sola enemistad, mas ésta irreconciliable, que durará y aumentará incluso hasta el fin, y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer, de suerte que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el demonio es María».[8]

Cuando Dios quiso dar a luz a un nuevo pueblo en las Américas en 1531, Él envió a su Madre a Guadalupe, en la periferia de la Ciudad de México, ahí, Ella se apareció vestida del sol, con una luna creciente bajo sus pies y su manto salpicado de estrellas, la Señora vestía el cinturón de la maternidad que usaban las mujeres nativas de entonces, porque la Santísima Virgen estaba por dar a luz a un nuevo pueblo en las Américas.

El Milagro del Sol es el único milagro público preanunciado de la Historia mundial. Nunca antes había anunciado Dios con antecedencia, un milagro que sería públicamente realizado, y en especial con el propósito de confirmar un Mensaje profético, destinado a toda la humanidad y para silenciar los enemigos de Dios. Hasta el mayor milagro de todos los tiempos – la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo – no fue un milagro público de esa magnitud, porque el Cristo resucitado no apareció a decenas de miles de personas inmediatamente después para convertirlas para que creasen. Además, la grandeza cosmológica del milagro es sin precedentes. Hasta el milagro de Josué que aumentó el día parando el sol es mucho menos impresionante y no puede comparárselo.
¿Por qué hubo este milagro sin precedentes? Por una razón evidente: porque el Mensaje de Fátima también es un mensaje sin precedentes, único tanto en las bendiciones prometidas como en los castigos amenazados.[9]

IV. El milagro del sol proclama el reinado universal de Nuestra Señora

Sí, es la hora de la Mujer vestida del sol.[10]

San Luis María de Montfort, formula del siguiente modo la ley que Dios se impuso, y de la que la tesis del reino de Cristo por el de su santísima Madre no es más que una aplicación:
«Digo… que, supuestas las cosas como son, habiendo querido Dios comenzar y terminar sus más grandes obras por la Santísima Virgen desde que la formó, es de creer que no cambiará de conducta en los siglos de los siglos, pues es Dios y no cambia en sus sentimientos ni en su conducta».[11]

Es doctrina cristiana que el reinado y triunfo final del Señor, manifestada en la Sagrada Escritura, se obtendrá a costa de grandes y dramáticas luchas y espantosas persecuciones. Hacia el fin de los tiempos Satán «sa­biendo que le queda poco tiempo»,producirá su obra maestra de orgullo, de malicia, de odio y de poder, el Anticristo y sus satélites, para intentar aprovechar su oportunidad suprema en una lucha mundial, que para su vergüenza y confusión, como ya sabemos, será su derrota aplastante y un triunfo glorioso y definitivo para Cristo y su Iglesia.

La Iglesia ve en María a la Adversaria personal de Satán, que debe triunfar contra él por y para Cristo: «El Señor ha derramado sobre ti bendiciones, comunicándote su poder, pues por medio de Ti ha aniquilado a nuestros enemigos»[12]. Afirmación aún más fuerte y universal: «¡Tú sola has destruido todas las herejías en el mundo entero!». Fuertísima afirmación, en efecto: Tú, Tú sola, todas las herejías, en el mundo entero… Se diría que la Iglesia teme no expresar su pensamiento con suficiente claridad, ni con bastante fuerza. Es evidente que aquí hay que ver, implícitamente expresada, una ordenación divina. Siempre será así. Cada victoria, individual o colectiva, lograda contra Satán por un pobre pecador o por un santo religioso, por la Iglesia entera o por una u otra nación cristiana, será siempre obra de Ella, después de Cristo y de Dios.

En el momento actual cargado de materialismo, María Santísima es un refugio vivo, ya que Ella busca afanosamente a quienes navegan sin rumbo.
Así, frente a la violencia creciente del infierno, que pone en acción entre otros a la francmasonería, el naturalismo, el racionalismo, el socialismo, el laicismo, el modernismo, el espíritu revolucionario, la ideología de género, el relativismo moral etc., vemos también cómo María sube cada vez más alto en el horizonte de la Iglesia: ¡María bella como la luna, radiante como el sol, pero también María terrible como todo un ejército en orden de batalla!
Germán Mazuelo-Leytón
___________________

[2] Cf.: FELICI, ICILIO, Fátima.
[3] SHEEN, Mons. FULTON J., La Virgen y Rusia.
[4] CORREA DE OLIVEIRA, PLINIO y BORELLI, ANTONIO A., Nuestra Señora de Fátima. Profecías para América y el mundo. ¿Tragedia o esperanza?
[5] FELICI, ICILIO, Fátima.
[6] Cf.: NUNES, LEOPOLDO, Fátima: História das aparições de Nossa Senhora do Rosário aos pastorinhos da
Cova da Iria, 1ª ed., Lisboa, Tipografia Luzitania, 1927, 2ª ed. 1927; 3ª ed. 1928, 3ª ed. 1930.
[7] DE MARCHI, P., JOAO, Testimonio del Dr. Almeida Garret: Era una Señora más brillante que el sol.
[8] MONTFORT, San LUIS Mª GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción.
[9] Cf.: CHOJNOWSKI Ph. D., PETER, El milagro del sol.
[10] APOCALIPSIS 12, 1.
[11] MONTFORT, San LUIS Mª de, Tratado de la Verdadera Devoción, nº 15.
[12] Jud. 13 22.


miércoles, 11 de octubre de 2017

P. SIMOULIN: DEFENDIENDO LO INDEFENDIBLE



TRADINEWS (énfasis en negrita añadido por NP)

Le Seignadou – Octubre de 2017

Esto fidelis usque ad mortem, et dabo tibi coronam vitae.
Apocalipsis 2:10
Después de años de pasos en todos los sentidos, Roma finalmente confiesa que no quiere ceder nada sobre el concilio. En esto, el cardenal Müller no experimentó un movimiento pasajero de mal humor, sino un estado de espíritu que persiste todavía en el Vaticano. Habría que aceptar todo, aprobar todo y nada es discutible. Así que tomen nota. Esto tal vez traerá un poco de calma en nuestras filas, tranquilizará a los desconfiados y permitirá a nuestros superiores preparar serenamente nuestro próximo capítulo para las elecciones de Superior General y de sus asistentes, y para “verificar si la Fraternidad aplica concienzudamente los estatutos y se esfuerza en mantener el espíritu”.
Dicho esto, mientras que nuestro decanato vive en paz y en armonía general, yo observo que, desde hace años y meses, se desarrolla principalmente en Francia una perspectiva más bien sombría y pesimista. Mientras que anteriormente los fieles estaban encantados de encontrar con nosotros sacerdotes fervientes y deseosos de llevar las almas a Dios, hablándoles de las maravillas de la fe y de la vida espiritual, tropiezan muy frecuentemente con discursos sombríos sobre el estado del mundo, de la Iglesia y de la Fraternidad. Todo el mundo (¡o casi!) se mira con desconfianza, preguntándose qué piensa el otro. Gracias a Dios nuestro priorato ha sido preservado, aunque no todos están en este caso. ¡Sorpréndase si tantos fieles se vuelven hacia otras comunidades!
Y aun así la voz y el espíritu de Mons. Lefebvre permanecen grabados en nuestros estatutos. Es suficiente referirse a ellos para conocer nuestro deber, y conservar el rumbo. En particular, un párrafo trata de los superiores locales pero este puede dirigirse a cada uno de nosotros:
“Son sobretodo ellos quienes convencerán de la fundación providencial de la Fraternidad por su irradiación sobrenatural de paz, de serenidad, de fuerza en la alegría, de total confianza en Nuestro Señor y en Su Santa Madre, en su apego indefectible a la Iglesia Romana y al Sucesor de Pedro actuando como verdadero Sucesor de Pedro, en el respeto de los obispos fieles a la gracia de su consagración. Tendrán por el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo una devoción sin límite a la medida de la infinidad de Su Reino: sobre las personas, las familias, las sociedades. Si ellos deben manifestar una opción política, ésta será siempre en el sentido de este Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Ellos difundirán esta devoción por el verdadero sacrificio de la Misa y por la devoción al Sacramento de la Eucaristía, así como por la devoción a la Santísima Virgen María” (Estatutos V, 10).
Todo esto es simple, y me atrevería a decir elemental. ¿Qué sería un sacerdote que no tuviera como primera preocupación el llevar las almas al conocimiento y amor de las realidades sobrenaturales?
Por mi parte, ¡yo no entré al seminario para combatir los errores modernos, el liberalismo o el concilio, sino por la Santa Misa! Y yo hice mi oblación en la Fraternidad hace casi cuarenta años a Nuestro Señor Jesucristo, ¡no a Mons. Lefebvre o al Papa!
¡Sería bueno a veces reflexionar un poco en el orden que debe existir entre los medios y el fin, y no invertir las cosas! El rechazo de los errores modernos es un medio necesario para asegurar nuestra fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia, pero conviene no focalizarse sobre los medios hasta el punto de olvidar el fin, lo que me parece es el caso de los que temen yo no sé cuál abandono o traición a la línea de la Fraternidad o del espíritu de Monseñor, y que a veces llegan hasta renegar de sus compromisos.
A este respecto, me llama la atención la insistencia de Mons. Lefebvre sobre la perpetuidad de nuestros compromisos en la Fraternidad. “Señor, todo lo que existe en el cielo y en la tierra os pertenece, yo deseo ofrecerme a Vos en oblación espontánea y permanecer perpetuamente vuestro… yo me ofrezco a Vos hoy como siervo sempiterno, en homenaje y sacrificio de alabanza perpetua”. ¿“Perpetue permanere… servum sempiternum… sacrificium laudis perpetuae”?
Sin duda que estos compromisos no son votos, pero esta promesa me comprometió de manera definitiva a Jesucristo en la Fraternidad. Mi fidelidad a la Fraternidad se ha vuelto el medio indispensable de mi fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo. Si yo reniego de mi compromiso con la Fraternidad, ¿qué será de mi compromiso con Jesucristo? Como lo indica la mención que precede a la firma que puse bajo mi oblación, yo di mi nombre a la Fraternidad (do nomen in perpetuum). Pues el nombre significa la persona misma, y se trata sin lugar a dudas de un don de sí mismo a la Fraternidad ¡y a Jesucristo en la Fraternidad!
Mi gran amigo, Ernest Hello, tenía sobre este punto fuertes observaciones;
¿Qué sería si el deshonor tuviera una esencia, cuál sería la esencia del deshonor? Sería, si no me equivoco, prometer y no cumplir. Si se interrogara al desprecio para pedirle su secreto, el desprecio respondería: Yo conozco a alguien que promete y no cumple.
Si le dices a un hombre: Usted está gravemente equivocado; usted es un criminal, este hombre se siente amonestado; pero puede sentirse estimado y, como la amonestación no daña, él puede tenderte la mano sin esfuerzo y agradecerte sin dolor.Si le dices a un hombre: Usted ha mentido, este hombre se siente despreciado, bien sea respecto a la cosa más insignificante del mundo. Él ha dado su palabra, y lo que dijo no era verdad. Dar su palabra significa prometer. Estas dos palabras son sinónimos.Tal vez hay promesas implícitas. Ved el amigo que ha abandonado a su amigo. Éste bebe la vergüenza como el agua. Lo que prometió, explícita o implícitamente, es ser fiel. La fidelidad es el honor de las relaciones.La fidelidad y la franqueza viven en el mismo lugar, pues palabra y promesa son sinónimos. El amigo que traiciona ha mentido antes de traicionar. […] Las expresiones familiares ayudan casi siempre al esclarecimiento de las cosas misteriosas. El lenguaje nos habla del hombre que ha honrado su firma.
El lenguaje acerca a cada instante la palabra honor y la palabra firma.¿Qué es una firma? Una promesa.Quien ha firmado, se compromete a hacer.¿Y qué signo da?El signo, es su nombre. La firma de un hombre es su nombre: su nombre es su palabra, y su palabra es su honor. Es por eso que el lenguaje dice: deshonrar su nombre.Quien no cumple su palabra deshonra su nombre.El nombre, el nombre de un hombre, es él mismo: Dar su nombre es comprometer su honor.El nombre es la representación del honor; éste lo expresa en lo que hay de íntimo, de esencial. Quien insulta el nombre de un hombre hace más, en cierto sentido, que insultar al hombre mismo, de una manera más directa pero menos solemne. Si insulta su nombre, lo insulta en el lugar mismo donde se debe ser más necesariamente respetado.
¡Se me objetará sin duda, y con razón, que el honor no es una virtud cristiana! “No tenemos más que un honor en el mundo, el honor de Nuestro Señor”. Un cristiano sólo busca lo que sirva al honor de Jesucristo. Esto es verdad, y el honor personal del cristiano se resume en la fidelidad a sus promesas de servir a Nuestro Señor, promesas del bautismo, de la confirmación, del sacerdocio o del matrimonio. ¡El honor del cristiano es su fidelidad! Cicerón dijo: “verum decus in virtute positium est”: el verdadero honor reside en la virtud. El honor, de hecho, no es una virtud en sí, sino la recompensa a la virtud. “El honor sigue a la virtud” dice Santo Tomás, y es por eso que poco importa el honor, ¡pero yo quiero ser fiel a todo lo que he prometido! Y la fidelidad a mis compromisos en la Fraternidad es para mí el medio de vivir mi fidelidad a Jesucristo y a mi sacerdocio, en tanto que esta primera y vital fidelidad no esté en peligro, ¿puedo vivir en un estado de desconfianza hacia mis superiores?
Solamente dos motivos podrían justificar esta desconfianza.
El primero sería la infidelidad de nuestros superiores a sus cargos. ¿Qué les piden nuestros estatutos?
El Superior General y sus dos Asistentes harán todo lo que juzguen útil para preservar, mantener y aumentar en los corazones de todos aquellos que tienen funciones y de todos los miembros de la Fraternidad una gran generosidad, un profundo espíritu de fe, un celo ardiente al servicio de la Iglesia y de las almas. Para esto, ellos organizarán y dirigirán ejercicios espirituales, reuniones que ayudarán a la Fraternidad a no caer en la tibieza, en compromisos con el espíritu del mundo. Ellos manifestarán en su actitud y su vida cotidiana el ejemplo de las virtudes sacerdotales. Favorecer el mantenimiento de una fe viva e iluminada por el establecimiento de bibliotecas bien provistas de documentos del magisterio de la Iglesia, y por la edición de revistas o periódicos susceptibles de ayudar a los fieles a fortificar y defender su fe católica. Estas directivas valen también, mutatis mutandis, para todos los Superiores y especialmente los Superiores de distritos (Estatutos V, 5).
El segundo motivo, más grave, sería su predicación contraria a la fe o a la moral, o incluso su adhesión pública por actos concretos a los errores modernos, liberales o conciliares.
¡Sobre estos dos puntos no veo nada de qué desconfiar!


Tal vez yo no haya actuado de la misma manera, o hubiera procedido de manera diferente. Incluso tal vez en la dirección de la Fraternidad o en mi modo de comunicación, yo no hubiera seguido los mismos métodos. Tal vez pueda desaprobar tal actitud o tal declaración. Pero sobre ninguno de estos dos puntos, repito que yo no veo nada de que desconfiar, y agrego además que no creo ser capaz de juzgar sabiamente. Y los que creen poder juzgar ¿tienen el derecho de hacerlo?
Santo Tomás escribe muy claramente sobre este último punto, y no necesita comentario:
El juicio es lícito en tanto en cuanto es acto de justicia. Mas… se requieren tres condiciones: primera, que proceda de una inclinación de justicia; segunda, que emane de la autoridad del que preside; y tercera, que sea pronunciado según la recta razón de la prudencia. Si faltare cualquiera de estas condiciones, el juicio será vicioso e ilícito. Así, en primer lugar, cuando es contrario a la rectitud de la justicia, se llama, de este modo, juicio vicioso o injusto. En segundo lugar, cuando el hombre juzga de cosas sobre las que no tiene autoridad, y entonces se denomina juicio usurpado. Y tercero, cuando falta la certeza racional, como cuando alguien juzga de las cosas que son dudosas u ocultas por algunas ligeras conjeturas, y en este caso se llama juicio suspicaz o temerario.  IIa-IIae 60,2.
Ustedes reconocerán que hay motivos para contener un juicio tal vez demasiado natural y espontáneo, por temor a que sea perverso, injusto, temerario, o -lo que es peor- usurpado, ¡usurpando el derecho de juzgar en lugar de mis superiores, y el de juzgarlos!
Finalmente, lo que vemos tomar forma no es otra cosa que la aparición de una nueva secta protestante, sin otro lazo interno que el rechazo de la autoridad del Papa (al cual, después de la autoridad magisterial ¡se le niega ahora la autoridad canónica! ¿qué le queda?) ¡y el libre examen para cada una de las intenciones secretas de los superiores!
Virgo fidelis, ora pro nobis.